Una poética contundente

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Hace algún tiempo, sin ánimo de competir con el Almacén de Poéticas, anduve recogiendo en esta bitácora algunas poéticas, digamos, alternativas. Algunas procedentes de poetas, otras de músicos, o de hackers… pues trasteando en enlaces relacionados con uno de mis recientes descubrimientos (que debo agradecer a Jorge), el poeta norteamericano Kenneth Rexroth, me encontré con esta breve, pero contundente, sin duda, poética suya:

“I write poetry to seduce women and to overthrow the Capitalist system. In that order.”

Cada vez me cae mejor este tipo. Un poeta que con setenta y tantos años cumplidos es capaz de poner este poema en boca de una imaginaria doncella japonesa, Marichiko, es un monstruo, sin duda. Volveremos sobre él.

“Grito cuando me muerdes los
pezones y el orgasmo
me vacía el cuerpo, como si me
hubieran cortado en dos”

Versión, Carlos Manzano: K.Rexroth, Actos sacramentales. Poemas, Ed. Gadir

Crítica de la realidad. Crítica del lenguaje

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No puedo evitar reproducir aquí el parrafo final de ensayo “Poesía hispánica y modernidad literaria” de Jaime Siles con el que me he encontrado en el volumen “Poesía Hispánica contemporanea”. Ensayos y poemas, del que son responsables de edición Andrés Sánchez Robayna y Jordi Doce. Leamos:

Una mirada verdaderamente histórica y crítica nos hace ver, por ejemplo, que las vanguardias existieron en un momento concreto, pero que aún hoy resultan necesarias y aprovechables, porque las vanguardias son como la utopía: si no mantenemos una cierta dosis de utopía, podemos experimentar una regresión. Otra cosa es que la utopía se equivoque. Si se extrema, es una barbaridad, porque entonces se mata en nombre de la utopía; pero si esta desaparece, hay una regresión. La utopía responde al pensamiento verdaderamente crítico. Yo creo, en suma, que es necesario que el poema sea crítico con la realidad, pero más crítico aún con el lenguaje. Un pintor es crítico con los colores y los materiales que usa, porque es con ellos con los que puede criticar la realidad. Un poeta es crítico en sus dudas con el lenguaje, en su desconfianza del lenguaje, en sus ataques al lenguaje, en su experimentación con el lenguaje, y eso es en definitiva lo que da sentido a su relación con el yo, con el lenguaje mismo y con el mundo.

Creo que da para un buen debate…

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Visto el debate generado alrededor del manejo de etiquetas, identidades, y el sentido de conceptos como “izquierda”, “derecha”, “público”, “estatal”, “privado” y “privativo”, que ha animado en los últimos días los blogs sindicados en ciberpunk.net, aquí va mi aportación, poética, como exige este espacio insular, y ni siquiera propia, sino del poeta libertario Jesús Lizano, cuya obra completa esta accesible en la red. Yo tuve la suerte de poderle escuchar leyendo este poema en Moguer el año pasado. Reproducirlo aquí es compartir ese momento con ustedes:

LAS PERSONAS CURVAS

Mi madre decía: a mi me gustan las personas rectas

A mí me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas:
el amor es curvo;
¡el ventre el curvo!;
lo diverso es curvo.
A mí me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
los labios: curvos;
y los sueños, curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mí me gusta la anarquía curva;
el día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!
Y no me gustan las personas rectas,
el mundo recto,
las ideas rectas;
a mí me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas:
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.
Y la paciencia es curva.
El pan es curvo
y la metralla recta.
No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
dentro de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!
El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas;
vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.

A mí me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.

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En palabras de Ernesto Suárez:

Si alguien me preguntara algo así como “Qué es ser poeta?” o “en qué se diferencia el poeta del narrador?”, yo respondería que es poeta quien acepta el regalo de las palabras de los otros. Se es poeta cuando, por amor a aquello que alguien nos dice y dona sin esperar nada a cambio, una persona decide convertirse en guarda de esas palabras justas. Pero, recuerden, de las palabras necesarias, de las palabras que son parte de la vida, de sus tatuajes. Los tatuajes son para siempre. Es una escritura que rasga nuestra piel y nos marca. Sólo esas palabras que provienen de la viva carne del hombre son las que pueden hacer un poema. Además, como depositario de todas esas palabras, el poeta se compromete a su vez a regalarlas él mismo. Quiero decir, a darles el cuidado preciso que las haga crecer para, una vez fuertes, abrir de nuevo las manos y entregarlas en una generosa corriente circular de amistad.

Tecnofobia y poesía

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Es este un tema del que ya he hablado en ocasiones anteriores, y que sigue siendo, para mí, materia recurrente de reflexión, así que acabo repitiendome, como el ajo, me temo: se trata de la tecnofobia o el tecnoanalfabetismo y la identificación del concepto de “cultura”, con el llamado mundo de las letras y de las bellas artes, como si la ciencia la elaborasen extraños alienígenas. Esta es una bitácora sobre poesía, es una restricción asumida voluntariamente y que me salto de manera muy ocasional, no porque el resto del mundo no me interese, muy al contrario, me apasiona la política,la tecnología, la historia, la geoestrategia, la música, la sociología, hasta el deporte de competición… pero hay blogueros con conocimientos mucho más amplios que los míos en todos esos terrenos, y con mejor criterio que el mío en todos esos temas, y ya los sigo, muchas veces hasta compulsivamente, en mi condición dolorosa de blogadicto ;) . Así que, decía, este es un blog sobre poesía, no porque sea un experto -líbrenme los dioses de semejante condición- sino porque alguien tendrá que dedicarse a esa pobrecita mía, tan baqueteada.

Bien es cierto que en el mundo de los poetas hay importantes excepciones, como la de Hans Magnus Enzensberger, o Jorge Riechmann, personas capaces de manejarse en esos dos mundos que artificialmente hemos separado: la ciencia, la técnica por una parte, y las letras y las artes por el otro, pero si le echo un ojo a los currículums (manía profesional, diablos) de gran parte de los poetas en activo, son mayoría personas con una formación exclusivamente centrada en el campo de las llamadas “humanidades” (lo dicho, como si los programadores, por ejemplo, fuesen setas o una misteriosa especie de delfines).

Y últimamente percibo que la cosa se restringe, y que la mayor parte de los poetas de las nuevas hornadas resultan ser filólogos (esto es: Licenciados/as en Filología ) en un porcentaje abrumador, de modo que encontrar poetas con formación en otros ámbitos de las ciencias “humanas” (resalto las comillas) como abogados, psicólogos, sociológos, o, simplemente autodidactas que aprendieron a escribir poemas leyendo poemas, comiendose los poemas con pasión, se está volviendo muy difícil, como si se fuera hacia una especialización de la actividad poética y se acercara el día en que aquellos que escribimos poemas sin la adecuada licenciatura (grado en el futuro cercano) podamos ser acusados de auténtico intrusismo profesional…Igual es un miedo absurdo.¿O no?

Todas estas pajaradas se me han venido a la cabeza tras encontrarme, por una parte, con una pregunta de David de Ugarte recibida en un comment a mi entrada dedicada al proyecto “La última canana de Pancho Villa”. Me preguntaba David: “Qué hermosa experiencia…
Ahora que lo leo con calma estoy encantado… ¿Cómo no la conocimos antes? ¿Son offline? ¿No tienen web?”
. Lo cierto es que mi trabajo me costó encontrar referencias en la Red sobre “La última canana…“. No sé cual será la posición de sus promotores frente a Internet como espacio, o respecto a las tecnociencias, con lo cual quiero dejar claro que la pregunta es un pie que simplemente aprovecho para pensar en personas del mundo de la poesía que sí conozco, y que sí tengo más cerca y que consideran que yo soy un tipo notablemente raro en cuanto poeta, que me preocupan temas un tanto frikis,impropios de una persona “de cultura”, qué le voy hacer…

La otra referencia me llegó, como no, a través de Libro de Notas, con el artículo de César Antonio Molina, titulado La ciencia de la literatura, cuya lectura recomiendo fervientemente. Extraigo un párrafo especialmente llamativo:

Enzensberger pone algunos ejemplos ilustrativos: Goethe apasionado en la geología, la botánica, la fisiología, «por no hablar de la obstinada especulación que fue la Teoría de los colores». En La poesía de la ciencia vuelve sobre este asunto al recordarnos que la filosofía, la poesía y la ciencia surgieron y se desarrollaron paralelamente y, en muchos casos, confundidas entre sí. La raíz común era el mito. La tematización literaria de asuntos científicos nunca cesó y así, durante el siglo XX, autores como Queneau, Primo Levy, Stanislaw Lem o Thomas Pynchon continuaron la tradición de otros siglos. Y Enzensberger cita incluso a autores más contemporáneos como Inger Christensen, Durs Grünbein (del que han sido ya traducidos al español dos poemarios: Zona gris por la mañana y Lección de la base del cráneo, este último muy influido por la fisiología), Lavinia Greenlaw, Lars Gustafsson, Alberto Blanco o Miroslav Holub.

Coleridge solía asistir a las clases de química de la Royal Institution. Un día alguien sorprendido le preguntó por qué acudía a escuchar una materia tan distinta a la que él practicaba. El poeta inglés, contestó: «Para enriquecer mis provisiones de metáforas». Otro inglés, G. H. Hardy, especialista en teoría de los números, pone en boca de su amigo el genetista Steve Jones esta otra frase: «¿Qué sería de la ciencia sin metáforas?».

Hay un aforismo de Ezra Pound que forma parte de sus “Unos cuantos no” y que casi me sé de memoria y que dejo aquí, como se dice ahora, para abrir el debate:

Considera el estilo del científico antes que el estilo del agente de anuncios sobre un nuevo jabón.
El científico no espera ser aclamado como gran científico hasta que ha descubierto algo. Empieza por aprender lo que ya ha sido descubierto. Parte de ese punto hacia adelante. No se vale ser personalmente un tipo encantador. (Trad. Ernesto Cardenal)

Me preocupa una cuestión: que la poesía se convierta en algo parecido a lo que explica el colectivo ciberpunk en su ponencia identidad “La hora de la Sociedad Red” (pdf) respecto a la pintura. Extraigo el párrafo:

En artes plásticas, seguramente las más avanzadas en este proceso de separación de la realidad, los críticos y los mercados valoraban las obras no como objetos de consumo que reportaran más o menos placer, sino por su futura influencia sobre las futuras vanguardias, es decir, como documentos de una evolución artística que no tenía nada que ver con la evolución real del mundo. El mercado plástico se había convertido en un mercado de futuros sobre antigüedades y al hacerlo había convertido en antigüedades prematuras a todas sus creaciones. Todo el pensamiento ligado a esas formas artísticas, toda la gran cultura europea no podía servir para entender algo diferente a su propio aislamiento.

Esto es, que la poesía se convierta en territorio exclusivo de disfrute y análisis de supuestos expertos y que se aleje, deje de hablar del mundo al mundo, de lo expresable y de lo casi inexpresable; en ese sentido, los poetas que me gustan son los que se implican en esta realidad tan múltiple, complicada hasta lo inaprehensible a veces, y sufriente, y los que mantienen la curiosidad, la capacidad de asombro que solemos perder con los años…

Tómense todo esto como una pura disgresión nocturna, creo que el asunto exige un acercamiento más profundo…Otro día, más despierto, a fin de cuentas estamos a uno de septiembre…