Guerra de identidad

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La palabra identidad es una de esas de significados múltiples y, en su mayor parte, cargados. La identidad es aquello que nos hace negarnos a vestir de una determinada manera, lo que nos hace rescatar costumbres campesinas casi olvidadas, o masacrar en una zanja a un buen puñado de personas por no compartir la misma que nosotros. Palabra peligrosa, afilada, venenosa…

Y sin embargo, inevitable, porque, de algún modo, todos queremos saber quienes somos y porqué somos de una manera y no de otra, y pensamos que la identidad es el tronco mismo de nuestro ser y estar en la tierra. Sin un cierto sentido de identidad parece que somos apenas arena que el viento mueve.

Deborah Vukusic ha escrito un libro de poemas en el que va trazando el mapa de una identidad que se busca, que se interpela porque se sabe escindida. Vukusic, como ella misma dice en el poema que abre “Guerra de identidad” (Baile del Sol, 2008), es dos mitades: “mitad gallega y mitad croata”, es “de su padre y su madre” como se suele decir, y de la contraposición de ambas figuras y de sus entornos íntimos parte para trazar los ejes principales de coordenadas de ese mapa. Estos dos trazos que convergen en Deborah, quien nos habla, señalan dos territorios con su historia y su conflictividad, dos núcleos de relaciones sociales, dos maneras de entender ( o no) la vida, la familia, los compromisos, que se encuentran, se superponen, se mezclan, chocan. La figura de la madre y del padre y los paisajes que los representan, se van cruzando en todo el poemario, como dándose la palabra en una conversación imposible a través de la voz de la poeta.

Galicia, Croacia, las familias, la guerra yugoeslava, los viajes, van volviendo más complejo el mapa de esa identidad que busca o con la que se confronta la niña Vukusic que mira, escucha, toma nota con una lucidez, estremecedora:

bernhard
“como el 90% de los hombres
siempre quiero estar
donde no estoy
allí de donde acabo de huir

Está el acogedor seno matriarcal, construido por mujeres fuertes, de esas que tiran de la familia hacia adelante en tiempos de penuria y que gustan de las grandes reuniones familiares, y está también el hombre sin asidero que acaba encontrando una guerra a la que agarrarse para poder dotar de un sentido a su deambular, está la acumulación sedimentaria de odio: “ojalá hubiera otra guerra /así podría vengarme”, la devoción por la madre “que me quentou a cariña / có calorciño da súa” y la ambivalente atracción hacia un padre que va y viene, que casi siempre va. Los abuelos, el hermano hijo de la postguerra… el mapa se complica, inevitablemente.

Porque Deborah Vukusic, utilizando un lenguaje pegado a la oralidad (pero ajeno,ojo, al soniquete de la manida poesía de tono coloquial que se encuentra uno por todas partes en los últimos tiempos), va desenvolviendo sus poemas como una especie de monólogo dramático (el peso, tal vez de su formación y experiencia como actriz), que no gira alrededor de su ombligo, centro del universo para tantos y tantas, sino que nos ofrece una conclusión a tener siempre en cuenta: que nuestra identidad son los otros, que son nuestras relaciones con nuestro entorno más cercano y con el tiempo y el lugar que nos toque en suerte o en desgracia lo que nos construye; que el individuo, como concepto, es una abstracción vacía: somos personas y las personas se hacen siendo con otras personas, para la felicidad y para la herida.

Deborah Vucusik, cierra, de momento, su Guerra de Identidad, con un poema que juega con referencias geográficas, pero de un territorio nuevo: aquel donde va construyendo su propia historia, sobre las dos mitades que es, pero cuyo resultado, siempre es así, es más que su mera suma. Aquí lo tienen:

Me llamo deborah vukusic
y soy dos mitades
.
ahora vivo en madrid
en batalla del salado
me debato paralelamente
entre un paseo por las delicias
y santa maría de la cabeza
.
mitad gallega y mitad croata
tiene gracia
para de metro
palos de la frontera.

Nota final: La entrada en que comenté la experiencia de escuchar a Deborah Vukusic leyendo sus poemas, fue una de las víctimas del reciente tecnodesastre. Uno de estos días, colgaré aquí el poema que recogí aquella vez para estas islas…

Segundo rescate: Quien soy esta vez

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Esta entrada es otro rescate del material perdido, y lo publico ahora otra vez, porque, de algún modo, está relacionado con la próxima entrada. Quien soy esta vez:

Lo malo ( o bueno) de los viajes es ese montón de horas tontas en el avión, de horas muertas en aeropuertos… horas para leer, porque un libro es un gadget que no requiere alimentación eléctrica ni depende de la cobertura wifi o de otro tipo que pueda haber o no. En esos detalles los libros siguen jugando con ventaja. Ah, y siguen siendo más portables que un portátil medio…

Bueno, esta bobería viene al caso porque en mi último viaje lo pasé leyendo un libro de narraciones de Kurt Vonnegut, “Welcome to the monkey house”. Vonnegut es un observador agudo de la sociedad norteamericana, y utiliza tonos de los más variado para sus disecciones, desde el relato más o menos costumbrista a la ciencia ficción. Las narraciones de “Welcome to…” fueron escritos en los últimos años 50 y primeros 60 del siglo pasado.

Uno de sus cuentos me dejó un buen rato pensando.Se titula Who am I this time (Quien soy esta vez).Trata, en dos palabras, de un pequeño pueblo en el que hay un grupo de teatro cuyo actor más destacado es un soso dependiente de ferretería que, sin embargo, cuando actúa se transforma literalmente en el personaje que le haya correspondido. ¿Quien soy esta vez?, dice cuando le ofrecen el papel. Un soberbio actor que, fuera de las tablas del teatro aficionado lleva una vida anodina e insulsa, como él mismo. Por casualidad ensayando “Un tranvía llamado deseo”, participa en las pruebas para el papel de Stella una chica recién llegada al pueblo por trabajo; lo hace sin demasiada convicción hasta que comparte una prueba con Harry, el ferretero, que hace el rol principal de su marido (el papel que en el cine bordó Brando) y es,literalmente, transportada, hasta el punto que se enamora locamente de Harry-Brando con el que acaba casándose aprovechando una lectura de “Romeo y Julieta”, para impulsar al anodino y carente de empuje Harry “real”.“La semana pasada, dijo, he estado casada con Othelo, sido amada por Fausto y secuestrada por Paris. ¿No dirías que soy la chica más afortunada de la ciudad?”, así casi termina el cuento.

Es una breve narración sobre la identidad, que relativiza el papel que ese concepto rige en nuestras vidas. No está mal, en tiempos en que seres huecos,tal vez más que Harry, se agarran a tópicos colectivos para sentirse llenos de algo, alguienes, por así decirlo, en contraposición al otro, al que no es como ellos. Gente que prefiere sentirse “de una pieza”, que como tal vez realmente seamos: cajas de legos con múltiples variantes…que además mezclan sus piezas con otras cajas ya mezcladas de por sí…

Quizás esa necesidad de ser “de otra manera” a la habitual, a la establecida, a la asumida, a la impuesta, esté detrás del éxito de experiencias como Second Life, porque el ser humano es muy complejo, y no hay persona que quepa en un mapa,salvo que se (auto) mutile.

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Me debo estar…

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poniendo viejo, o igual es la baja, pero lo cierto es que se me ha puesto una cosa muy rara en la garganta escuchando esta canción. Pues vale, aquí va dedicada a mi amigo Rafa Chail, que hace mucho que no le dedico nada, con un guiño.

El artista en la lógica del estado nacional

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Una cosa que tiene estar quietito con la pata en alto es que uno lee y relee… y releyendo me he encontrado con esta interesante reflexión en “De las naciones a las redes“. Libro colectivo (De Ugarte, Quintana, Gómez, Fuentes… un interesante mix de autores castellano y catalano hablantes, por cierto, prologado por Josu Jon Imaz) que espero que esté pronto disponible en papel, pero que pueden ir leyendo ya.

En su capítulo tres, “Raza y cultura” me encuentro esta reflexión, que creo que es un buen alimento para pensar…

Esta subsunción del conflicto en el estado de cultura, en la identidad que nos es dada desde el propio estado nacional, es especialmente clara en los debates sobre la propia cultura y en especial sobre sus formas de jurídicas de propiedad. No es casualidad si la Unión Europea se resiste con fiereza a abrir sus mercados a Estados Unidos en todo aquello que considera digno ser considerado excepción cultural, del cine al camenbert. No es casualidad si los derechos de autor han sido elevados a la categoría de derecho humano universal y se han impuesto, por primera vez desde el Antiguo Régimen, verdaderos sistemas privados de imposición (como el canon sobre los CDs o el ADSL) para proteger a unos pocos centenares de privilegiados autores.

En la lógica del estado nacional, el artista, el creador, no puede ser sino una figura central de la construcción nacional. Un trabajador especializado de la reproducción identitaria del nacionalismo. Una labor digna de ser separada de la vida. Una figura que no debe ser confundida con “los aficionados que escriben en sus ratos libres” del mismo modo que un ciudadano que intenta esclarecer las causas del aumento de la criminalidad no debe confundirse con un policía o un Ministro del Interior. Por eso, una vez más, en este terreno la oposición izquierda­-derecha versa sobre como se les asegura la manutención, no si tiene sentido la función. Manutención que es más sensato asegurar, nos dicen los más liberales, mediante un monopolio artificial llamado propiedad intelectual. Manutención que habría que asegurar mediante un salario público que hiciera viable la profesionalización, afirman los que desde la izquierda pretenden liberar la Cultura, es decir, asegurar su gratuidad para todos y su universalidad. En una palabra, extender de forma más efectiva los modelos identitarios de la construcción nacional.

Así, en perpetua construcción, viviendo hacia dentro y haciendo vivir hacia dentro a los nacionales, la gran máquina social del estado nacional aparece ante nosotros como un constructo magnífico, insuperable si no es desde una lógica nacional alternativa y por tanto idéntica.

Números negros

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Con la que está cayendo, es una noticia de las que calientan el corazón que alguien desde la innovación y el riesgo anuncie que no está en pérdidas, sino al contrario. La reflexión seria y con perspectiva sobre el presente vende. Felicidades David y Colección Planta 29: Dominio Público en números negros.

Un poema al día

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De una manera innovadora, como nos tiene acostumbrados, la versión digital del diario 20 Minutos rescata una muy vieja tradición abandonada hace ya bastante por la prensa escrita: la publicación de un poema diario:lo nuevo nos devuelve lo viejo aprovechable una vez más. La sección, que es realmente un blog colectivo, se llama, precisamente, Un poema al día, y si la visitan verán que, como no podía ser de otra forma, hay de todo, y entre ese todo me he encontrado la joyita siguiente: Federico Luppi diciendo el estremecedor poema de César Vallejo que abre “Los heraldos negros”, que aquí va:

Casi todo es mío

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se llama el libro de poemas de Antonio Jiménez Paz, poeta y lo más parecido a un verdadero activista cultural que tenemos rondando por las islas, recién publicado  (Baile del Sol). A los callecosteños nos une una vieja relación con Antonio, al que tuvimos el placer de publicar su primer libro de poemas, “Tratado de ornitología” en el lejano 94,  y en ocasiones más recientes hemos tenido la oportunidad de cruzarnos y conversar.

Ernesto Suarez ha escrito la siguiente reseña sobre “Casi todo es mío”:

Pocos son los libros recientes de poesía española en los que, como en éste, los lectores  se enfrenten a un ejercicio de profunda exploración de la identidad, tanto en lo que      respecta al poema como en lo referido al sujeto poético. O lo que es lo mismo, la relación entre el proceso de escritura y la persona que ejecuta el poema: Hay temblores dondeno tiembla / la tierra. // Donde hubo pies.
Jiménez Paz hinca su escritura en el temblor, en lo incierto. Con firmeza y a sabiendas, nose esconde. Nos viene a decir: quien escribe ha de ahogarse en la palabra para conseguir quela palabra lo diga a él, lo escriba. Sabe de los peligros y los acepta. Más allá de adscripcionesbaladíes, del pensamiento poético vanguardista hoy nos queda la inquieta mirada (…).
Quien escribe está siempre al borde de callar. Las certezas son un extraño objeto que quedó perdido en el pasado y, por tanto, que ahora se confunde en el olvido y la mentira: Antonio Jiménez Paz halla espacio y poder poético cuando su palabra emerge de tal quiebro latente de lavida. Casi todo es mío, declara, para inmediatamente afirmar que sólo él mismo se escapa de esa propiedad demasiado suya. Antidio Cabal, poeta por quien Jiménez Paz siente un profundo respeto y admiración escribía en 1961: La identidad / no es el prototipo del universo /al universo le quitas una hoja y es otro / y le quitas otra hoja y es otro / y otra y es otro. Ciertamente, si a la identidad se le fuera deshojando con morosa pasión, de ella qué quedaría,
qué cambiaría. Aun sin conocer el poema previamente, Antonio parece haber escrito cuarenta años más tarde con Casi todo es mío el reverso oculto de esos antiguos versos de su amigo: Tendré de todo / pero de mí apenas nada. /… / Mis ojos sí. / Su mirada / no. Sea pues éste el camino para el poeta, el más incierto y bello: el ir desconciéndose.”

Y aquí, un par de poemas de “Casi todo es mío”:

Fuera o fuese la luz que a todos alumbra
no se borra lo que uno quisiera
ni se gasta.

Pero el color se evapora de la lengua
y la lengua se seca como una hoja
de parra bajo el sol.

Dentro.

    ——-

Como un estudiante subrayo los párrafos de mi cuerpo,
lo hallado misterioso o incompatible
con algún sistema explicativo.

Me describo y no me consigo creíble,
digno de papel,
apenas materia de libro.

Entonces me borro.

——

La luz convierte en mariposa
lo que la noche en animal acorralado.

No hay mal,

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dicen, que por bien no venga… Bueno, aún rascado por el tecnodesastre autoinfligido, me encuentro con esta frase de Don Juan de Mairena, profesor de gimnasia y estética, para poner las cosas en su sitio y relajarnos un tanto. Dice el maestro:

Nosotros no hemos de incurrir nunca en el error de tomarnos demasiado en serio

Pues eso… además, al fin, después de mucho tiempo y gracias a la operación limipieza, ¡ los comentarios funcionan! Así que ya saben…

Algo empieza a moverse

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en el mundo de los ebooks. David me da pie para rescatar esta referencia, que alimentó en su día a un minipost. Gente que sabe mucho de libros se embarca en la edición digital, pero al margen del mundillo editorial, que sigue sin entender el nuevo panorama que se les abre.

Surfeando

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Bueno, las olas han venido altas estos días, pero aquí estamos… Leyendo CIBERIA, La vida en las trincheras del hiperespacio, un libro-reportaje de Douglas Rushkoff sobre los primeros momentos de estos cibertiempos, allá por los últimos 80 y primeros noventa del siglo pasado, en que confluyeron la informática distribuida, las raves, las matemáticas del caos, la caída del bloque del Este… entre otros fenómenos que anunciaban un tiempo distinto, me he encontrado con esta cita:

Nuestra cultura se basa en la capacidad de la gente para controlarlo todo. En cuanto adoptas la confusión como modo de vida, asumes que en realidad no lo controlas todo. En el mejor de los casos te limitas a hacer surf.

John Perry Barlow, letrista de los Grateful Deal y fundador de la EFF.

Esta frase me trajo a la cabeza inevitablemente un poema de Lawrence Ferlinguetti, que de algún modo se convirtió en una seña de identidad, y cuya versión al castellano pueden encontrar aquí: Los surferos también son poetas.

Pues a navegar las olas dejando que de vez en cuando nos lleven donde quieran…

Primer rescate

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… y esta era una de las cositas a rescatar de inmediato, la lectura que de Tatuajes en otra tinta azul, hizo Vicent Camps:

De vuelta

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En estos últimos días este blog ha pasado su peor tecnocrisis desde 2003, debida básicamente a jugar al aprendiz de brujo y no tomar precauciones (eso tan importante en cualquier aspecto de la vida…). El año arrancó accidentadillo en la parte física, y se echaba en falta dar también un tropezón digital…

Pero, por otra parte, esta minicatástrofe me ha animado a hacer algo que llevaba tiempo dándole largas: refrescar un poquito la imagen y la carga de este blog. Cierto que cada gramo de peso de la versión 2.0 de Islas en la Red había sido ganado a golpe de trabajo… pero esta nueva ligereza también da más libertad de movimientos, o eso espero…
De la etapa 2.0, queda lo más importante a nivel teórico, al menos, recogido en el Libro Islas en la Red, y la 3.0 acaba de arrancar…

Y como inquietante emblema, este poema de Bertolt Brecht, que ya puse aquí cuando estábamos tratando de arreglar la rueda. Ahora ya, con algún parche de más yalgo de equipaje de menos, estamos en camino, a donde sea…

Estoy sentado en la cuneta
mientras el conductor cambia la rueda.
No me gusta de donde vengo.
No me gusta adonde voy.
¿Porqué, entonces, miro el cambio de rueda
con impaciencia?”
.
(Trad. José Muñoz Millanes)