Lecturas de CERVAL

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He estado una semana perdido en trabajo y viajes de trabajo y al aterrizaje me he econtrado con dos recepciones de Cerval. La primera, en el blog de Vicente Luis Mora, apunta detalles muy interesantes, cosas que uno no sabe si andaban enterradas en la escritura, un tanto compulsiva, de este poemario, esperando otra mirada. Ya Vicente Luis detalla cual es nuestro nivel de relación, lo que me parece bien, así que, respecto a la segunda, debo dejar sentada una cierta complicidad en una lejanía sólo rota por un par de días (inolvidables) en Valencia, y por el contacto y seguimiento mutuo que la red nos permite. Viktor Gómez es uno de estos amigos que te deja la poesía desparramados en diferentes orillas y desde esa complicidad y afecto, deriva su reseña de pŕoxima publicación, y que, con su permiso tácito, copipego un poco más abajo.

Tanto a uno como a otro, mil gracias. Hay una cuestión de Cerval, que me gustaría comentar para acabar porque creo que es una buena pista para su lectura: Para mí, Cerval tiene una vocación hipertextual que, con seguridad, se plasmaría mejor en una edición digital que en la de papel, tal vez porque se escribió en un estado, y sobre una pantalla, de/en  conexión permanente; un día me tengo que poner…

Cerval −una aproximación nocturna−

De tus ojos brotan ciudades brillantes de luces nocturnas…

Daniel Bellón

¿Sabemos mirar? ¿Desde dónde mira la poesía hoy? ¿Qué cuenta que vio? ¿Qué inaugura un temblor? ¿Quién podrá cerrarlo, cómo?

Mira Daniel Bellón con atención. Y atraviesa lo visible. Y es herido, pero no deja de mirar. Es una de las más firmes apuestas de la valiente y necesaria Editorial Baile del Sol. En Cerval, el miedo nos interroga. Hemos visto, somos o cómplices o delatores de un daño. Hemos de gestionar el miedo, es el reto mayor del S.XXI y la poesía, que no se impone, se expone, en este libro es “un lenguaje desvelado. O desvelador. Transparencia de un lenguaje que no adorne la matanza.” Y la propuesta es hacerlo desde un lenguaje poético no replicante del lenguaje del poder que nos dicta desde cómo hemos de amar hasta cómo y qué consumir, dejándonos sin capacidad de decidir o de administrar nuestra pasión, nuestras lealtades, nuestra voluntad. Frente a la lógica racional del mercado, una palabra que “reordena el mundo y lo decide playa. Espacio del juego”.

Un texto que nos lleva hacia una noche del sentido y una apertura al horizonte aún por conquistar, desde las ruinas de la ahoridad, desde la hirviente noche expectante. Atrevimiento de releer morosamente este libro es mantener un diálogo interior que genera sensibilidad y conciencia, al menos a un servidor.

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Brotamos del amor y nos sacudimos su cáscara nutricia. Para después andar buscando los pedacitos todo el tiempo. Los restos casi invisibles. Para recomponernos. Nuestro amor extremófilo que todo lo soporta. Que resiste las más altas temperaturas. Las más duras presiones. Los fríos antárticos.

Lo que hermana al lector y al poeta es el espejo nocturno que está atravesado por el misterio y la precisión de un lenguaje o estallido no sujeto, sino liberado, por una fiebre sin temperatura, por una pasión y un estupor en la consciencia de ser en el mundo, ser frágil que visibiliza con palabras lo imprevisible y lo imposible, pero real. Lo real dañado, atropellado. Como cien zurriagazos en la espalda de la conciencia, como cien disparos en su extraño ritmo, en su música de sentido, nos llega con Cerval una poesía volcada en íntima noche, para una con/fusión maravillosa de lo personal y lo social, de lo político y lo votivo. Su estilo, su forma, deviene desde una búsqueda y también desde un estupor que irrumpen en los procesos de escritura de Daniel Bellón con una fuerza y coherencia perturbadoras. La belleza emerge sin disimular las cicatrices de una historia vivida colectivamente en su periplo biográfico, propiciando una poesía en el “hibrys” de un decir que no se somete a la formalidad hegemónica de la lírica dominante en el canon sino que se dispone en una exploración ya característica del poeta de las posibilidades del lenguaje y creación. Daniel Bellón escribe al dictado, entrecortadamente, breves textos que se enlazan por la palabra inicial que es espejo de la que cierra el fragmento anterior, generando un juego no racionalista, sino intuitivo e inconsciente a veces de los procesos mentales. Esta poesía testimonia un proceso de creación en que lo exterior y común es interiorizado previamente y estalla fuera del mundo en ese no-lugar que inaugura la voz poética y es no otra cosa que un volver al mundo por donde el corazón sabe (parafraseando a Eduardo Milán).

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Víctima o asesino me dejo ser o soy por habitar un escondrijo entre tus pechos. Refugiados en el calor de tu carne al fuego. Que corra el aire ahí fuera. Que gire el planeta sus giros. Baile sus bailes. Déjame tendido aquí. Encéldame en el espacio que delimita tu aliento.

Quizá topemos con desaliento, con desazonada mirada sobre los conflictos políticos o éticos que nos desgobiernan. No olvidemos que Daniel Bellon viene pulsando su poesía desde mediados de los 80 y tanto su experiencia vital, sus lecturas insurgentes (Riechmann, Falcón, Delgado, Maldelstam, Brecht) y sus propios poemarios (Salir corriendo, Tatuajes, Haikus para Tetsuo, Lengua de signos, etc.,) atraviesan una transición española que no satisface a los represaliados y olvidados, así como una irrupción en la hegemonía política neoliberal que ha ido restando hasta el presente las posibilidades asamblearias, horizontales y realmente democráticas de un país ganado por las multinacionales, el pensamiento único, la cultura ligth y una anestesiada ciudadanía insensible a los desastres ecológicos, sociales, interculturales. Estas circunstancias quizá llevan al poeta, solitario corredor de fondo, a no tener que decir poesía crítica, poesía en un mundo en crisis, sino sencilla y directamente poesía. ¿Es poesía pesimista, en derrota? No lo creo, pero sí que es poesía que no admite doma, que no renuncia a mostrar un cansancio en la continua exigencia y autoexigencia. Se puede, siguiendo la obra de Daniel advertir cuán autoexigente es. En su trayectoria el trabajo de la forma lingüística le lleva, con coherencia, a no instalarse o acomodarse en un ritmo de escritura o propuesta sintáctica definitivo, ni a negarle a la sintaxis y sus posibles desvíos o centramientos su eclosión. Es así como pasamos de una poesía en verso blanco a las décimas, del haiku a la poesía en prosa, del versículo a la rima consonante en metro clásico o a la deconstrucción de versos neovanguardistas.

Cerval es un texto liberado que confirma lo que propone Jorge Riechmann en Resistencia de materiales, la poesía es soberana (no el poeta) y en el caso que nos ocupa se constata como ésta se le impone al autor, que casi obedece ciegamente, en una dactilográfica y arrebatada transcripción lo que ella sabe.

Lo cierto es que leer Cerval me llevó a un estado alterado, a una conmoción inextricable que aúna un dolor del ahora, de los otros y a una quemazón personal, a una carga que sólo puede llevar uno. Y no he podido insistir en lo que no agotan una, dos, seis lecturas. Vuelvo al comienzo, a la palabra del autor:

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Hay que acercarse y mirar bien de cerca los entornos más extremos: de charcos de ácido /geíseres hirvientes / fosas insondables donde la presión vuelve pulpa de acero / brotan nubecitas de bichitos invisibles e imposibles. Vida resistencia fértil. Anuncio de la derrota final de los asesinos.

Para este poemario solo resta gratitud y relectura. Yo llevo meses de idas y venidas, casi todas nocturnas, cuando todo calla, cuando la escucha, es atención a lo suficiente. Duele y reconforta, inquieta y revive. Osa. Una osadía que es mirar, que es la gestión del miedo, un paso más allá, quizá, de lo aquí dicho.

¿Cuánto de osados sois?

Víktor Gómez

Valencia, 21de septiembre de 2009

Actualización: Ouch, imperdonablemente me olvidaba de que un poco antes, Marcos Taracido, desde sus Textos del Cuervo, y de manera más breve, dejó unos apuntes sobre su lectura de Cerval, con la agudeza que le caracteriza.

El infinito sin estrellas

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A vueltas con mi lectura de Postpoesía, de Agustín Fernández Mallo, me encuentro  una crítica a ese libro,realizada por Alejandro Zambra  y reseñada en el propio blog de Agustín, que aporta un punto de vista diferente… Y tal vez tenga razón. Tal vez haya debates que sólo tienen sentido en los márgenes (estrechos) de la poesía española vigente y que en otras latitudes hace ya tiempo que se superaron… y se me vino a la cabeza este fantástico poema del poeta cubano de la diáspora, Severo Sarduy, que igual confirma lo dicho por Zambra. Cosmología y poesía bailando un danzón:

Que se quede el infinito sin estrellas,

que la curva del tiempo se enderece

y pierda su fulgor, cuando se mece

un planeta en su abismo y en las huellas

.

del estallido primordial. Aquellas

noticias recibidas del comienzo

de las galaxias, del vacío inmenso,

hoy son luz fósil. Paradojas bellas

.

que anuncian por venir lo transcurrido

y postulan pasado lo futuro.

Universo de pensamiento puro:

.

Un espacio que fluye como un río

y un tiempo sin presente, opaco y frío.

El tiempo de la espera y del olvido.

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Referencias veraniegas

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En mi calurosa visita a Sevilla disfruté de dos encuentros a los que no quería dejar de referirme.

Una, María Jesús Ruiz, profesora de literatura española en la Universidad de Cádiz e investigadora de la tradición oral. Su blog,  ASONANTE,  es todo un curso sobre cantos, romances, coplas en riesgo de extravío definitivo. En él pueden encontrar joyas como esta:

Aquí lirios y allí lirios,
todo el campo está enliriao
y en medio de tanto lirio
está mi amante acostao.

en medio de una preciosa entrada sobre las   coplas de columpio. En serio, no se lo pierdan.

Y tuve la oportunidad de disfrutar la actuación  de LA PÍCARA COMPAÑA, grupo granadino que reactiva y actualiza la tradición de romance jocoso y noticioso. Muy divertidos. Tienen poca presencia en Internet o yo no doy con ella. Aquí tienen algo de lo que he encontrado.

Lo dicho, si la Compaña pasa por su pueblo, atiéndanles, que pasarán un buen rato.

La Casa Transparente, nº 2 “Verano”

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Casi en el límite de la cita estacional (sigue siendo verano, oficialmente, ¿no?) llega el número de verano de La Casa Transparente. Si su ensayo crítico se dedicaba en el número anterior a la antología “Once poetas críticos en la poesía española, reciente” por parte de Ernesto Suárez, en esta ocasión se ha centrado en una lectura y reflexión mía alrededor del ensayo de Agustín Fernández Mayo “Postpoesía.Hacia un nuevo paradigma”. Por lo demás, textos de autores muy relevantes y además amigos, como Anelio Rodríguez y Antonio Jiménez Paz, sobre cuyo último poemario “Casi todo es mío”, también publicamos el acercamiento de Ernesto, versiones más o menos traicioneras, poemas, obra gráfica… en fin, que espero que lo disfruten, ahora que empieza a resfrecar. Ya sabíamos que en agosto iban a estar ustedes en la playa ;-)

Ya saben: LA CASA TRANSPARENTE, pasen sin cortarse…

José María Millares en la memoria

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Ayer fue incinerado uno de esos poetas increibles y escondidos que a veces brotan en estas macahacadas islas, José María Millares. De Millares hablamos aquí hace poquito a raiz de la reedición de su imprescindible “Liverpool”, cuya lectura creo que debería cambiar la perspectiva que se suele enseñar sobre la poesía de la postguerra. De la iniciativa de, entre otros, Millares y su hermano Agustín (otro imprescindible) surgieron también las Planas de Poesía, que eran un chorro de aire limpio en lo más duro de la dictadura franquista, y fue partícipe de la Antología cercada, con la que un puñado de poetas canarios se adelantó a lo que después se conocería, a nivel español como “poesía social”.

Hace pocos meses Millares visitó el colegio de mis niños, donde un grupo  de alumnos había estado trabajando sobre su poemario “Sillas”, y, según me contaron, seguía siendo, a sus 88,  un hombre afable, lúcido, buena gente. Tan buena gente que casi esperan a que se muera para darle el premio Canarias de literatura, que con tanta “generosidad” se ha concedido en otras ocasiones.

Aquí pueden leer una de sus últimas entrevistas.

Aquí les dejo el poema que cierra Liverpool (1949). Habla el poeta:

El Numero 2

A las dos de la mañana,

cuando incendien los principios del hombre los caballos

muertos de las estrellas,

cuando mis manos desentierren las palabras de los cielos que

han callado

dulcemente en el ombligo de los niños,

cuando dejen de bostezar los pechos de una joven sin marido,

cuando los ríos turbios de la sangre dejen de hollar un lecho

de agua fría,

cuando desentierren sus memorias de unos ojos, de unos

labios, de una vida,

los hombres que se incrustan en las esquinas

despreocupadamente

a las dos de la mañana;

cuando mueran sobre el aire las palomas, las estrellas , los

suspiros,

cuando yo busque en el rincón de unas alas mi propio

corazón desnudo,

cuando hacia mí la tierra se despliegue para darme su

fruto sazonado,

cuando en mi boca se hunda la palabra de mi sangre,

la hora que se pudre bajo mi carne, a las dos de la mañana.

Ah, los muñones sangrantes de los jóvenes combatientes,

muertos ya bajo las horribles fauces de las trincheras que

se abren a la media noche,

bajo el amor que chorrea en el barro duro de las uñas que

muerden la cabellera espesa

de los más largos años de la vida.
.

¿Y dónde el alba y el surco verde, dónde,

y la dulce azul geografía de los horizontes que no llegan,

y la ternura caliente de unos pantalones cortos, desnudos

en mis rodillas de niño que se ha muerto,

cuando mi boca punteaba la seda dulce de los brazos de

mi amada.
.

Sí, a las dos de la mañana, señores,

ha muerto un gato negro bajo mis axilas,

ha muerto mi vida en el hueco de unos zapatos, junto a

una ventana,

y por ella, señores, por ella

se han ido las mejores palabras de mi vida,

m is piernas de aire azul marino,

y mi tierna camiseta de hilo crudo,

y la callada ternura de los cabellos de una fámula entristecida.

Sí, a las dos de la mañana,

bajo la espesa detonación de unos ojos que saltan ciegos,

ya duros de roer en el aire la palabra que no existe,

los labios que no existen, los corazones que no existen,

a las dos, señores, a las dos,

cuando los hombres se hinchan de sangre

bajo la pesadumbre de los sueños, cuando ya nadie escucha

el horrible desgarro de los tejidos de las almas de los jóvenes

combatientes,

cuando un niño muere sumergido en un beso, a las dos,

como si tal cosa pudiese ocurrir en la vida.
.

Y es precisamente a las dos de la mañana,

cuando a los gallos se les revientan las crestas para cantar,

señores, para cantar.

Canon contemporaneo: el juego de estrategia

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Cuando yo me acerqué de manera más consciente a la poesía era apenas un quinceañero. Y lo hice a través de lo que podríamos llamar “clásicos”: los poetas del 27, Quevedo, Machado, Juan Ramón… Entendía entonces que estos poetas me llegaban a través del proceso de decantación que el tiempo impone, y que aquellos poemas sobrevivían hasta llegar a mí simplemente porque eran lo mejor de lo mejor. Los autores que no podía dejar de leer, a los que había que tratar de acercarse : los poetas canónicos.

Desde mis carencias teóricas entiendo que la obra de un poeta pasa a formar parte del canon cuando es considerada imprescindible para entender la poesía de su tiempo y, a la vez, es capaz de trascender su momento histórico y de transmitir belleza más allá de sus referencias inmediatas. Historia y eternidad en un mismo paquete, por así decirlo. Pueden poner a ambas palabras las correspondientes comillas.

Es sabido que el concepto de canon es objeto de permanente debate y cuestionamiento, trufado de factores que alguien puede considerar poco literarios, pero, ah, humanos, y todo arte no habla de otra cosa, incluso cuando intenta no hacerlo, que de los seres humanos.

En lo que a mí respecta, con el tiempo he ido viendo que el canon, al menos en poesía, pero sospecho que es así en cualquier otra actividad creativa, no es fruto únicamente de esa decantación pura, goteando a través de la destiladera del tiempo. Todo autor/a en los más hondo y escondido (incluso a sí mismo) de sus tripas, aspira a escribir una obra que diga/cante su tiempo, y que lo haga con una belleza que trascienda los años. Pero esperar a que la historia dicte su veredicto es más de lo que muchas personas pueden esperar. Hay quien empieza a trabajarse un puesto en la dudosa inmortalidad de los libros de texto de la ESO desde los treinta años, a través de la escritura, como no, y de otras mañas también.

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De Don Antonio, entonces Juan

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de Mairena, lei los siguientes fragmentos en el Parque del Alamillo. Me apetecía dejarlos aquí:

Cuando el Cristo vuelva –decía mi maestro–, predicará el orgullo a los humildes, como ayer predicaba la humildad a los poderosos. Y sus palabras serán, aproximadamente, las mismas: «Recordad que vuestro padre está en los cielos; tan alta es vuestra alcurnia por parte de padre. Sobre la tierra sólo hay ya para vosotros deberes fraternos, independientes de los vínculos de la sangre. Licenciad de una vez para siempre al bíblico semental humano.

……

No olvidéis que es tan fácil quitarle a un maestro la batuta, como difícil dirigir con ella la quinta sinfonía de Beethoven.

……

Aprende a dudar, hijo, y acabarás dudando de tu propia duda. De este modo premia Dios al escéptico y confunde al creyente.