Gestionar lo invisible

Posted on Septiembre 8, 2007

Vicente Luis Mora es poeta, ensayista, gestor cultural… y uno de los pocos creadores españoles que reflexiona activamente sobre los efectos de la Red en la actividad artística en general y literaria en particular, cuyo blog, Diario de Lecturas es una cita de esas que no deben olvidar, no solo por las reflexiones del propio V.L.M. sino también por las aportaciones de sus visitantes, una comunidad de altura que constituyen una auténtica “tertulia invisible”. No sé si esta imágen le gustará a Vicente Luis.

Hace poco V.L.M, ha publicado en su blog un interesante texto : Inmaterialidad y mercado. La gestión cultural de lo invisible, en la que se detiene a pensar sobre los cambios en las formas de elaboración, ejecución y emisión-distribución del arte y los “productos culturales” (estas comillas tienen su sentido) en general en los tiempos de la globalización e Internet, y sobre cual debería ser el rol de los llamados “gestores culturales” en este nuevo entorno, reflexión que deja abierta, como indica en un comentario posterior, a modo de provocación para el debate.

Les sugiero que le echen una lectura atenta, tanto a la entrada como a sus comentarios, que a mí me han provocado, desordenadamente, como es mi naturaleza, las siguientes cuestiones:

V.L.M. hace una sucinta descripción de un proceso vinculado a la globalización de la economía y a las infraestructuras tecnológicas que han sido a la vez fuente y producto (cada vez soy menos determinista y conviene no olvidar que la Internet que conocemos pudiera haber sido absolutamente diferente si otras hubiesen sido las decisiones de personas, como las que decicidieron adscribir al dominio público los protocolos tpc/ip, o el lenguaje html, o si se hubiese impuesto por ejemplo la olvidada microsoft-network): la cada vez mayor predominancia de la denominada “producción inmaterial” de todo aquello que pueda ser convertido en ceros y unos: información, dinero (especialmente dinero) música, literatura, cierto tipo de experiencias sexuales, arte…

Hablar de desmaterialización de la economía en una semana en la que ham muerto alrededor de quince trabajadores en España en actividades tan materiales como la pesca y la construcción puede parecer frívolo, y, como Jorge Riechmann indica en sus comentarios, no es un concepto inocente en absoluto, pero lo cierto es que la tendencia que señala V.L.M. existe, lo que no conlleva (ni V.L.M. lo plantea en ningún momento) la desaparición de otras formas de producción, igual que la economía industrial no hizo desaparecer la agricultura, aunque sí la transformó sustancialmente, y,concretamente, en el campo de la “producción cultural”, sobre el que recae su reflexión, esa “desmaterialización” es ya un hecho en muy buena parte, con consecuencias variadas.

Hay actividades artísticas fácilmente digitalizables, concepto que prefiero a “desmaterializables” o “invisibles”, porque tengo para mí que un poema no deja de serlo por leerse en una pantalla (de un móvil o de un PC) en vez de en un libro -otra cosa sería discutir si se trata del mismo poema, si el “formato” influye en su presentación y significados (un debate, por cierto muy interesante)- y no creo que el volver digital un texto o una melodía, las conviertan en intangibles, inaprehensibles intelectualmente. En cuanto a la invisibilidad, tengo para mí que, muy al contrario, digitalizar la obra es una medida bastante prudente para evitar la invisibilidad de las estanterías perdidas o la irremediable negrura del almacén.

Esas artes digitalizables facilmente,decía, como la música, y, a un ritmo tal vez más lento, la palabra escrita (poesía, narrativa, ensayo, etc…) están viviendo un proceso de cambio radical en sus formas de disfrute y de distribución.

En lo que respecta al disfrute, V.L.M. comenta el predominio de la miscelanea: la canción frente al “disco completo”, el poema o el microcuento frente a la novela…creo que, al menos en lo que a la músicase refiere, realmente se trata de un retorno a las raíces de la música pop -yo tenía singles hasta que prácticamente desaparecieron con el advenimiento del CD como formato, lo que fue resultado de una estrategia comercial de las discográficas, no del “impulso artístico”, de los músicos (el punk había acabado en el 77 con aquello , en general tan horrible, del “disco conceptual”).

Y en las formas de distribución, el cambio hacia la “desmaterialización” que diría V.L.M. o a la digitalización total, que diría yo, es cada vez más agudo, pero podría considerarse parte de una evolución, tal vez circular. A ver: de la interpretación en directo a la partitura (que permitía volver a reproducir con cierta exactitud la misma música por otros ejecutantes en otro lugar), de la partitura al disco de vinilo, saltándonos las pianolas y demás artilugios previos, que aún contenía una cierta “materialidad” (ah, aquello de limpiar cuidadosamente el disco, posar la aguja con alma de cirujano sobre el surco exacto…), de ahí al CD (ya eran cutres las cajitas de los Cds frente a los viejos álbumes…), del CD al archivo digital que descargas de emule o de itunes, que puede dar todavía la sensación de que posees “algo”, y de ahí, cada vez más frecuente, al archivo que ni descargas, porque está en la red y podrás verlo cuando quieras (los videos de youtube, por ejemplo). Y el punto circular de este proceso es que, una vez que reproducir una canción es algo tan cotidiano o simple como encender la luz (aquí se me nota que vivo en la Europa Occidental acostumbrada a que salga agua de los grifos y luz de las lámparas) vuelve a adquirir una valor trascendental el disfrute de la música en vivo como experiencia material y personal de presencia,no reproducible digitalmente, única.

En el mundo de la palabra escrita esa evolución ha sido más lenta, lo que quizás indique cierta falta de interés por otra parte, pero es cada vez mayor, y es fácil encontrar libros digitalizados enteros, bibliotecas digitales, espacios en la red donde encontrar literatura: blogs, revistas online, podcasts que tal vez recuperan una naturaleza oral que a veces los autores occidentales olvidamos, como si fuera un residuo de tiempos pretéritos… En lo que a la poesía se refiere, tengo para mí que la Red es un entorno radicalmente propicio, pero también un reto.

Otras artes, la pintura, la escultura, siguen ubicadas en lo material, pero no tanto: difícilmente la reproducción digital de un cuadro hará justicia a su original, al trazo, a la disposición de los volúmenes…pero la editorial Taschen vende miles de libros llenos de reproducciones entre aficionados al arte con dificultad para tener un Picasso en su salón, y del libro a una buena pantalla, apenas hay un salto… no es lo mismo pero…Y hay artistas ¿Plásticos? que ya crean pensando en el universo digital, hay netartistas que trabajan pensando en la distribución y disfrute por la Red de su obra como experiencias desde la red para ser vividas en la red.

Y todo eso está ahí más o menos al alcance de la mano para quien tenga un pc (o un móvil o una PDA) conectado a Internet (que todavía es un porcentaje limitado de la humanidad, ojo), sin otro filtro…que los buscadores, con sus algoritmos de búsqueda y sus pageranks, para mal o para bien. Hablar de la “neutralidad” de los buscadores podría ser otro buen tema de debate, aunque parece que la tendencia va más por generar buscadores a la medida de cada cual (este es un servicio que la propia google ofrece).

Porque una de las consecuencias de todo esto es que los puntos que filtraban los circuitos por donde las diferentes artes se movían ven su posición modificada o removida completamente en algunos casos: compañías discográficas, editoriales, salas… Ese maremoto de libertad, que permite el surgimiento como nunca en la historia de iniciativas individuales y colectivas, supone una transformación de ciertas actividades (el productor / el traductor / los correctores /el propio rol del artista…) y sea, posiblemente,más de lo que los “inmigrados digitales” podamos digerir. La infoxicación que conlleva pueda ser tan dañina como la ausencia de información para aquellas personas que se acerquen al mundo de las artes. Y esto es un reto para creadores y gestores culturales.

En lo que se refiere a los productores de arte, me agarro a una idea de Manuel Castells, que ya he reproducido en otras ocasiones:

“El arte siempre ha servido para tender puentes entre las diversas y contradictorias expresiones de la experiencia humana. Este podría ser ahora, más que nunca, su papel fundamental en una cultura caracterizada por la fragmentación y la potencial incomunicación de códigos, una cultura donde la multiplicidad de expresiones puede acabar finalmente minando la cooperación. La falta de un significado común a todos podría dar paso a la alienación generalizada de los humanos, ya que todo el mundo hablaría un lenguaje diferente, construido en torno a su hipertexto personalizado. En un mundo de espejos rotos, formados por textos no comunicables, el arte podría ser, sin seguir ningún programa, con su mera existencia, un protocolo de comunicación y un instrumento de reconstrucción social. Sugiriendo, ya sea a través de la desconcertante ironía o de la pura belleza, que seguimos siendo capaces de convivir y disfrutar con dicha convivencia. El arte, que es cada vez más una expresión híbrida de materiales virtuales y físicos, puede convertirse en un puente cultural fundamental entre la red y el yo.”

 

Porque uno de los “problemas” de la Red es que la conversación es cada vez más entre afines. La blogosfera no es una “gran conversación”, sino un océano de conversaciones, que, se ignoran entre sí frecuentemente.

En lo que a los gestores se refiere apenas tengo intuiciones…Y es donde para VLM también; yo me voy a atrever a tratar de dar un pasito, ofrecer uina propuesta, en esa intemperie, aunque el concepto de “gestor cultural” ya es bien movedizo de entrada, integrando actores institucionales (una diputación o una caja de ahorros), empresariales (una productora de espectáculos, una galería de arte, una editorial…) sociales (clubs, asociaciones de todo tipo)…Tanto VLM como uno de sus contertulios hablan de los flujos. La digitalización de los productos artísticos favorece su circulación a costos reducidos, permite su “print on demand”, por así decirlo. Javier Moreno pregunta “¿puede haber una estética, digamos, de los flujos?”

Creo que al gestor (institucional, privado, etc) es, de algún modo, un “observador de flujos” al que le cabría tratar de territorializar, en el entorno local (y/o digital) en que trabaje, presencias relevantes, aportando su criterio y su mirada entrenada, y ayudar a generar puntos de encuentro que se conviertan en nodos a los que conectar redes que vinculen a sus artistas locales a redes globales, y “territorializar” (ubicar) tendencias de dimensión global interesantes en su espacio local.

A ver si otro día puedo tratar de explicar (me) esto…

 

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