Sobre poesía y traducción de poesía (redundando)

Posted on Febrero 15, 2008

Hace unos días, en uno de estso trasteos sin rumbo por la red me encontré con un texto de T.S. Eliot, sobre Ezra Pound, “El camino de Los Cantares”, donde, como siempre pasa con Eliot cuando escribe sobre poesía, me encontré con una serie de reflexiones que me dejaron pensando. Como pensar solo es tan aburrido, aquí las dejo para que les den vueltas también:

“La gente puede pensar que le agrada la forma porque le gusta el contenido, o que le gista el contenido porque la forma le atrae. En el poeta perfecto encajan y son lo mismo; en otro sentido “siempre” son lo mismo. Así, siempre es certera la afirmación de que forma y contenido son lo mismo, y siempre cierto también decir que son distintas.

El poema absolutamente original es absolutamente malo; es, en el mal sentido, “subjetivo”, sin relación con el mundo al que apela. La originalidad, en otras palabras, es sin duda una simple idea de la crítica poética. La verdadera originalidad es puro desarrollo y, si es correcto, puede al final parecer tan “inevitable” que casi llegamos al punto de negar toda virtud “original” al poeta. Él sólo realizó el paso siguiente.

Sospecho que cada época ha tenido y tendrá la misma ilusión respecto de las traducciones, ilusión que tampoco es sólo ilusión. Cuando un poeta extranjero se traduce con éxito al propio idioma y al propio tiempo se cree que fue “trasladado”, se cree que, por fin, a través de esa traslación se alcanza realmente el original (…) Predigo que en trescientos años el “Cathay” de Pound será una “traducción Windsor” tal como ahora Chapman y North son “traducciones Tudor”; será llamado y con justicia más que una “traducción” una “muestra magnífica de la poesía del siglo XX” . Cada generación debe traducir para sí misma.

Quienes esperan que cualquier buen poeta debe actuar produciendo una serie de obras maestras, cada una similar a la anterior, sólo más elaborada en “todo sentido”, sólo ignoran las circunstancias bajo las que el poeta debe trabajar, en especial en nuestro tiempo. El progreso del poeta es dual. Hay una acumulación gradual de experiencias, como jarro tantálico: puede ser que sólo una vez la experiencia se acumule para formar un nuevo todo y encontrar su expresión adecuada. Mas si el poeta se conforma con intentar nada menos que lo mejor, si insistiera en esperar esas cristalizaciones impredecibles, no estaría preparado para cuando llegasen. (…) mientras, el poeta debe trabajar; debe experimentar y probar su técnica con el fin de estar listo, como un carro de bomberos bien aceitado, cuando llegue el momento de forzarlo a su extremo.

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