4 conceptos. Uno: la desazón

Posted on Mayo 11, 2007

En los últimos tiempos ando dándole vueltas a cuatro ideas a la hora de tratar con el material que voy escribiendo. Son como dados que no dejas de mover entre los dedos, sin tener una idea clara de qué jugada pueden mostrar si los arrojo sobre la mesa. Como escribir es una forma de pensar, y un blog es un sitio estupendo para pensar con más gente, aquí van:

La desazón: o el miedo ambiente.

Yo debí de nacer temblando. Me tiembla el pulso desde que recuerdo. Pueden imaginarse que no fue nada cómodo durante mi infancia y adolescencia, aparte de inhabilitarme como delineante o cirujano. Más adelante descubrí, no sé si de repente o poco a poco, que no sólo temblaba yo… Cada vez iba viendo más temblores a mi alrededor, como si una inquietud, una desazón colectiva que cuesta apalabrar, se estuviera extendiendo por el mundo.

Una inquietud interclasista. Nadie se siente tranquilo; ni el rico en su urbanización fortificada, bajo vigilancia privada, ni el humilde en su barriada, a la que se le han ido borrando los viejos perfiles humanos, las referencias que hacían más o menos soportable una vida “pobre pero honrada”. De esa inquietud ese temblor.

Mundo pequeño y tenso: cada acontecimiento local repercute en global. Gente tensa y naturaleza tensa. Creo que mi viejo temblor ya no es mío, o que lo que fue en su tiempo una molesta seña de identidad, se ha extendido como una epidemia. Sociedad temblorosa y ciclotímica, pasamos del éxtasis a la depresión en minutos.

¿Surge de esta sociedad tensa, asustadiza y agresiva, una poesía temblorosa, atenta, expectante, o, por el contrario, utilizamos los poemas como último refugio donde dar con un equilibrio olvidado? ¿Cómo se expresa la poesía en tiempos de desazón?

Dijo Gelman en los 90: “No conozco, en todo caso, a ningún poeta que viva triunfante este fin de siglo, que le parezca bello o hermoso, ni mucho menos. Hablo de los sentimientos y obsesiones que este fin de siglo produce y veo escepticismo, oscuridad, dolor. El algunos casos hay como una especie de recuperación de la basura en los poemas, como símbolo de lo que el mundo está ofreciendo”. Aún no habían caído las Torres Gemelas. Ni ardía Irak. Señales de inauguración del nuevo siglo.

En El Pais, de 30 de octubre de 2006, Claudio Magris, entrevistado alrededor de su última novela: “No sé si creo que estamos en el borde del volcán, tengo miedo de que todo salte por los aires.”

Este es el miedo colectivo: a la catástrofe venidera, que se anuncia como la llegada de los bárbaros en el poema de Kavafis: crisis migratoria, catástrofe ecológica, advenimiento de nuevos fascismos…No son espantajos para meter miedo a los adultos puerilizados de Occidente. Están ahí…Y frente al miedo, la deriva autoritaria es una tentación. Una tentación, por cierto, que no tiene color: se observa a izquierda y a derecha.

El presentismo es otro síntoma de la desazón de nuestro tiempo. Pero, proviniendo de un pasado escasamente glorioso y ante un futuro imprevisible y aterrador, tener presente es ya un lujo que no todo el mundo alcanza. Es la necesidad de un presente vivible lo que mueve las corrientes de botes, pateras, cayucos. El futuro queda demasiado lejos. “El presente es perpetuo”, dejó dicho Octavio Paz.

Una posible respuesta a lo anterior. Preguntan a Daniel Pennac “¿Cómo ve usted el futuro?” “Cuando Benjamin Malaussène le dice a su Julie: “Julie, siempre te querré”, ella le responde con cierta sabiduría: “basta con que me quieras todos los días”. Así es como veo el futuro: con la conciencia apasionada por un vivir cotidiano que se abre al mañana. El futuro “en sí mismo” no tiene sentido.”

» Filed Under islas

Comments

Leave a Reply