Tecnologías narrativas y otras corrientes alternas

Posted on Mayo 14, 2008

Tarde, como siempre, pude hacerme con el número 290 de la revista Quimera, que incluye un dossier coordinado por el siempre agudo y atento Vicente Luis Mora, titulado Nuevas tecnologías narrativas, que tenía muchas ganas de leer. De entrada decir que es una lectura muy recomendable; lo que sigue son una serie de ideas que he ido anotando, propiciadas por la lectura de los diferentes materiales que componen el dossier, Y que apunto aquí a ver qué forma cogen o que viento las pueda agitar.

Creo que, a veces, las gentes de la cultura nos ponemos a buscar en los más ocultos recovecos buscando aquella sensación de ruptura y vanguardismo que nos estimule, y nos pasan por delante de las narices fenómenos tal vez más rompedores. Tuve esta sensación al sumergirme en el texto y en los enlaces que propone Laura Borrás en su texto Lit(art)ure. Es cierto que la pantalla, la red y, especialmente el hipertexto generan formas nuevas de relatar, de contar, tal vez de cantar, pero creo que una de las cosas más interesantes que están pasando es el surgimiento de relatos que se desarrollan en múltiples espacios diferentes, en pantallas distintas y de manera casi simultanea, a ver si me explico.

Me parece que una de los fenómenos más llamativos de los últimos años es cómo ciertos relatos con origen diferente: una película, o una serie de televisión, o un cómic, tienden a expandirse hacia otros medios y a superar por exceso el proyecto inicial de sus creadores. Relatos que se convierten, por decirlo de algún modo, en relatosferas que se extienden y se enredan prácticamente a la vez en las televisiones, en blogs, en foros, en consolas de videojuegos, en pantallitas bajo flash tipo “youtube”… influyéndose unos espacios a otros, de tal modo que los fans (Los viejos “lectores” o “espectadores”) se dedican a crear activamente contenidos vinculados al relato inicial, e incluso pueden llegar a imponer unas líneas argumentales sobre otras (como parece que ha pasado con la serie “Perdidos“, uno de los fenómenos de este tipo más recientes y llamativos), y alimentan el digamos “relato original” con sus propias historias-lecturas alternativas. En esa relatosfera, ¿qué le queda a los creadores de la semilla, del relato inicial? Básicamente vienen a ser dueños de una “marca” y de una cierta “potestad canónica”, para establecer qué forma parte del relato “oficial” y qué no, poder del que no pueden abusar en demasía para no irritar a los fans, y porque, además, el que el relato se extienda y se convierta en un universo más amplio es parte de su éxito. Este fenómeno que está sucediendo a nuestro alrededor continuamente (no creo que sea necesario poner ejemplos, más de uno se les habrá venido a la cabeza) me parece una nueva tecnología narrativa muy potente, que es necesario estudiar, explorar.

El dossier recoge una selección de poemas bajo el título RealTime. Poéticas de la tecnología y el consumo, realizada por Eloy Fernández Porta. La verdad, no creo que los poemas seleccionados definan o marquen una poética diferente o una manera de poetizar el entorno tecnológico y pop distinta al de generaciones anteriores, más allá de las referencias puramente generacionales (a Blade Runner, por ejemplo). Es comprensible que tras la ñoñez de las tendencias poéticas dominantes en los años 80-90 en la poesía española, mencionar que existen los móviles, internet o las pelis de CF suene muy atrevido, pero tal vez habría que recordar que Alberti ya metía a Buster Keaton en sus poemas, o le dedicaba versos a un portero de futbol (aspectos del pop de su tiempo). Sin entrar en la calidad de los poemas, algunos excelentes y otros no, como siempre, no veo que los unos o los otros señalen nuevas formas de afrontar el poema o su escritura,afectadas o determinadas de algún modo por el cada vez menos nuevo tecnocontexto; de hecho, la mayor parte de ellos provienen de libros y no de otros formatos, lo cual es significativo. Habría (o hay) que esperar que las nuevas formas de editar (blogs, webs, hipertexto en general) generen nuevas formas poéticas, del mismo modo en que el paso del pliego de cordel o de la oralidad al libro provocó formas nuevas de escribir y de leer poesía que son ahora dominantes.

Me ha gustado mucho el texto Zona de ansiedad, de Alberto Santamaría, muy atinadamente subtitulado “Algo sobre arqueología ciberpunk”, porque creo que recoge muy bien un momento del pasado: el de la eclosión de los narradores ciberpunks norteamericanos, con su desasosegante visión de un mundo que hoy es en buena parte cotidiano. Mundo de seres compuestos, biotecnológicos, de piezas intercambiables, articulado por una red ubicua en la que el vaquero de consola sólo tiene dos objetivos: huir y sobrevivir en medio de la confrontación de poderes ominpresentes. Su muy interesante lectura me hizo pensar que hace falta algo así pero referido a la segunda tanda ciberpunk, por llamarla de algún modo, aquella que narra otra situación: aquella en  que el vaquero de consola ya no es un outsider,un marginal, sino que se ha organizado, ha hecho valer su conocimiento y ha sido capaz de construir plataformas que le permitan defender su precaria libertad (GNU-Linux, por ejemplo), e incluso, pelearse con los grandes poderes a través de emjambres de empresas de software libre y de bio y nanotecnología: el tiempo del hacker asociado, capaz de generar su propia etiqueta (los neovictorianos de “La era del diamante” ) que desde esa posición incluso trata de construir una genealogía que lo enlace con los “hombres de ingenio” (origen de la palabra ingeniero) de antaño, los primeros científicos naturales, los criptógrafos capaces de ayudar a ganar una guerra…tal como lleva haciendo Neal Stephenson en su tremenda serie del Ciclo Barroco, y antes en Criptonomicon

En fin, que me fui por las ramas, que era, precisamente un tanto el objeto de esta entrada. Animarles a hacerse con el 290 de Quimera, no es frecuente encontrarse estas temáticas en revistas literarias y es muy, muy de agradecer.

revista quimera 290

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