Ahí te quiero ver
Posted on Julio 25, 2005
No sabe uno, con la que está cayendo, si realmente tiene sentido mantener una bitácora donde se habla de poesía, habiendo tantas cosas por las que gritar, pero, mientras esa duda se resuelve, aquí seguimos. O mejor dicho, ahí.
“Ahí te quiero ver” (Icaria poesía nº 37) es el último libro de poesía de Jorge Riechmann, y creo que viene a cerrar un ciclo en la evolución de este poeta imprescindible, cuyo proceso se ve con mayor claridad en sus tres libros “collage”: “Poesía Practicable”, “Canciones allende lo humano” y “Una morada en el aire”. Una evolución hacia el “ahí”.
Jorge lleva reflexionando sobre qué significa escribir poesía y sus porqués desde los últimos años 80 con agudeza y sano espíritu crítico –aquel que te confronta con la obra propia y ajena con el objetivo de afinar tu propio desarrollo creativo y de aportar ideas a la comunidad-, al mismo tiempo que ha ido re-definiendo sus ideas ecosocialistas; para Jorge, ambos procesos: definición ideológica y escritura poética forman parte del proceso indivisible y personal, por eso en sus textos se entrecruzan visiones, ideas y reflexiones sobre ambos espacios, que tantos otros tratarían de estancar en ambos sentidos: de hacer estancos, de detener.
Creo que en “Ahí te quiero ver”, Jorge consigue concretar en poemas los resultados de una evolución preocupada por apalabrar lo concreto, en un camino que lo lleva de Bretch “la verdad es concreta”, a la poesía china y japonesa, tan concentrada en captar el momento, el ahí.
El libro recoge tres poemarios acompañados de algunas reflexiones, como de costumbre impagables, de Jorge: “Ahí (arte breve)”, “De ahí que” y “Cincuenta microgramos de platino e iridio” que cierra un epílogo titulado “Ciencia, poesía y la noción de ahí (cerca de Ives Bonnefoy)”. Los dos primeros son largas tirada de poemas de tres versos, en los que Jorge trata de captar diferentes “ahís” que en cada momento van siendo, poesía, por tanto, de momentos, que acompaña al poeta en el vagabundeo que toda vida cotidiana es. La poesía es lo que ayuda a captar con plenitud aquellos momentos que lo merecen, esos en que hay que está ahí (y ver, y querer).
En el tercer poemario, los poemas se extienden, se estiran un poco más, sólo un poquito más… en su necesidad de captar lo tan difícil, “El literato, ingenuo, piensa que todo puede decirse. El poeta, más avisado, sabe que lo realmente importante apenas puede insinuarse: puede sólo quedar inscrito como silencio o como blanco en los acogedores márgenes de la página” y brotan poemas como plantas a las que les doliera crecer, poemas como este:
Hay mujeres
Helechos
Y aves acuáticasLágrimas de ámbar
Y canciones de siegaLa tierra preñada
la luz del yermoel mundo
duele
de tan hermoso
“Estar ahí”, dice Riechmann “significa, en esta dimensión epistemológica, permitir el desvelamiento de lo singular, su aparición a través de la malla o costra de representaciones abstractas”. Me recuerda cuestiones que plantea la física cuántica, y en las que ando curioseando en la medida de mis muy escasos conocimientos científicos (dos lecturas recomendadas: “Teoría cuántica para principiantes” de J.P.Mc Evoy y Oscar Zárate, y “Los viajes en el tiempo y el universo de Einstein” de J. Richard Gott, si yo he sido capaz de leerlos ,lo es cualquiera
) cuando señala la posible existencia de universos paralelos, que se concretan en uno por la presencia y acción de estar del espectador. Es el observador el que construye, o alrededor de quien se construye, la realidad. ¿Qué hubiera pasado si no hubieses cogido esa guagua y no te la hubieras encontrado? ¿o si ese día hubieras decidido no salir de casa? Esta incertidumbre que se va concretando cada segundo que es la vida hace que cada momento sea, de algún modo sagrado, que merezca su ahí y su poeta. Alguien como Jorge Riechmann, a la busca de “la dulce duración de aquello que no dura”, sin olvidar los “ahís “ de los demás, tan dolorosos tantas veces.
“¿Qué nos enseña la poesía? La presencia del mundo –su ahí-, la multiplicidad del mundo, la inagotable riqueza del mundo. Ahí es nada. Ahí te quiero ver.”
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Bueno, yo también llevo una bitácora sobre poesía (y sobre macarrones), y estoy de acuerdo en que muchas veces da la sensación de estar afeitándose el bigote en el cuarto de baño mientras te roban todos los muebles de la casa… pero para remediar en lo posible la contradicción intento estar bien pendiente de lo que pasa fuera, pegar las orejas… y por último estoy muy pero que muy de acuerdo con Reichmann en que la poesía es el mejor instrumento que tenemos para estar. Por decir dos cosas que se me ocurren.
Daniel, lo que adelantas del libro de Jorge Riechmann me produce una doble sensación. Por un lado, el gusto de esa poesía que se adivina como algo formidable (leí distintas cosas de JR en la web: las 27 maneras de responder un golpe que tienes pinchado por ahí a la derecha, y otros poemas que andan por ahí, en particular, unos que publicaron en Chile sobre siete propuestas de poetas españoles actuales). Por otro lado, la lectura me provoca una mezcla de envidia y decepción, pues difícilmente en algún momento pueda llegar a hacerme aquí de las obras de JR como para hacer una lectura con la profundidad que tú has hecho.
Me quedo entonces con esas grageas que convidas, adivinando allí unas extrañas resonancias heideggerianas pasadas por un filtro parecido al que en su momento (en Razón y Revolución) el joven Marcuse aplicó al ambiguo profesor alemán. En este caso, a diferencia del procedimiento del teórico crítico, el filtro aparenta tener un trama poética finísima, y deja gotear parte de lo mejor de la filosofía de Heidegger, ese filósofo a veces admirable, detestable otras, polémico por doquier, imposible de disculpar por sus errores…
Mis saludos para vos, y una vez más mi agradecimiento por tu trabajo constante, a pesar del terror policial que amenaza nuestro mundo, nuestras vidas, nuestro estar ahí y nuestras voces. Un abrazo, Germán.
Ya visité tu blogo, Horacio: es magnífico. Bueno, yo ya he aceptado que hay por ahí mejores analistas sociopolíticos que yo, así que leo, escucho, pienso y trato de no acumular más rudiop al ya existente. La poesía es el antiruido, creo yo, así que, aunque sea por comepnsar, en eso seguiremos…
Hola germán, las “27 maneras…” es un libro bastante viejo de Jorge, que desde entonces ha ido evolucionando, por decirlo de manera simplona de un cierto “realismo seco” (Ya estamos con las comillas pero es que no estoy muy seguro de que lo que digo responda de manera completa a la realidad) hacia una poesía de búsqueda. El lo explica muy bien en los textos que están colgados en: http://www.forosocialartesvalencia.com/debate.htm
Por cierto Daniel que hoy te he hecho publicidad descubierta en mi blog, ya se pagará esa deuda algún día que visitemos tu tierra, aunque sea con ron canario…
Muchas gracias por tus siempre generosos comentarios, Daniel.
Sobre algunas de las cuestiones que sugieres, hay un buen libro que está ahora mismo siendo saldado en los HAPPY BOOKS y librerías similares: de Juan Antonio Rivera, El gobierno de la fortuna. El poder del azar en la historia y en los asuntos humanos, Crítica, Barcelona 2000. Aunque más de un lector de izquierdas pueda sentirse molesto por los ocasionales puyazos antisocialistas/ anticomunistas, este libro es una introducción estupenda a los enfoques de path dependency (dependencia de la senda, o de la trayectoria). Como explica el autor, “asincronía, coevolución y exaptación son facetas parciales del fenómeno global de la dependencia de la senda: el poder de la contingencia histórica para engendrar regularidades y desviar en sentidos insospechados e impronosticables los rumbos evolutivos. Rumbos evolutivos que desembocan en estados de cosas que (deseables o no, eficientes o ineficientes) no son explicables desde supuestas leyes generales de movimiento histórico, sino indagando los procesos concretos mediante los cuales esos estados de cosas fueron producidos. En suma: la historia importa. Un sistema complejo adaptativo que hace su ruta evolutiva (…) no puede dejar de acusar en su estructura las vicisitudes históricas por las que ha pasado, la secuencia de ambientes a los que se ha adaptado” (p. 76).
…lo que conduce a la importancia de lo que cada uno hace, sin podernos esconder bajo leyes históricas ineludibles. Cada acción (u omisión) tiene importancia. Casi me parece más una putada que otra cosa, pero sospecho que así es.