Asombros
Posted on Junio 16, 2006
Asombros se titula el libro de arte y poesía que han compuesto el pintor Miki Leal y el poeta y cómplice y amigo David Eloy Rodríguez, inaugurando la colección Carne y Sueño de la editorial Imagoforum.
Con once poemas y once pinturas, Leal y Rodríguez mantienen una conversación en la que se nos invita a participar, porque tanto poemas como pinturas nos proponen indagar, reordenar nuestras prioridades y reconstruir nuestra mirada, falta de ese asombro que, como señala Enrique Falcón en su introducción, es una característica raigal del ser humano. A medida que la abandonamos, que nos desasombramos, vamos perdiendo humanidad, nos cosificamos alimentados de predicitibilidad, entumecemos nuestra sensibilidad ante el milagro continuo y conflictivo que nos envuelve.
De esto ya habla Falcón en su prólogo con palabras mejores que las que a mí se me puedan ocurrir. Yo creo que los once poemas de Asombros y sus once pinturas nos hablan también del imperceptible temblor del aire producido por el movimiento de los cuerpos que somos, por el roce y el temblor en que vibramos. Dicen las últimas teorías de la física que el universo finalmente está hecho de cuerdas aún invisibles, y que nuestra realidad depende de cómo se tensan y destensan. Somos vibración. Y la mirada de poeta y pintor, trata de mostrarnos esa vibración oculta que no nos deja ver el vano país de lo evidente en que estamos exiliados, desde que enmascaramos al niño secreto y nos fuimos desasombrando.
La recuperación del asombro, actitud que desestructura lo estructurado, injustifica lo continuamente aceptado, es el primer paso para liberar la mirada y poder alimentar otra forma de estar en el mundo. Es un ejercicio libertario, de gimnasia revolucionaria que elimina la grasa de una dieta de pensamiento basura, y nos permite recuperar sentidos adormecidos. El asombro ante la belleza del mundo y ante el horror establecido es casi el primer paso de la rebelión.
Me he tenido que romper la cabeza para decidir qué poema reproducir aquí. Me he decidido por el vibrante primer poema del libro, con la tranquilidad que da saber que tengo más entradas en los próximos días para compartir Asombros con ustedes. Antes de dejarles con “Apariciones fugaces de prodigiosa duración”. Tengo que terminar felicitando a la editorial, porque hacía mucho tiempo que no me encontraba con una edición de una factura tan hermosa. Como objeto, el libro es una auténtica maravilla.
APARICIONES FUGACES DE PRODIGIOSA DURACIÓN
Súbditos de regiones clausuradas,
lejos de la verdad
de cada cosa,
malgastamos el tiempo en este exilio
en el vano país
de lo evidente:
esta enorme prisión,
este baile deshabitado.Pero un niño secreto vive
bajo todas las máscaras.A veces asoma su sed
yugular, descubre sus ojos primordiales,
y nos reconocemos:
vislumbramos en su inocencia libertaria
qué somos, quienes.
La vida ocurre entonces:
hallazgo, sentido, reunión,
certeza de ser, la justicia
de una respiración tan verdadera
en los resucitados.Ese niño secreto
se asfixia en la maleza de ilusiones,
se araña en signos huecos, mentirosos,
es por eso que nos implora
y susurra al oído su plegaria
como si nos dictase
la letra de canciones imposibles:Habría que esquivar la muerte,
sus fauces tan abiertas,
vivir las horas
en crudo, de asombro en asombro.
Habría que nacer, darse a nacer,
tener la audacia
de aquiestar en el mundo,
probar a lo que sabe algo sin nombre,
apoyar las dos manos en su vértigo.Sólo somos si somos aventura.
Sólo lo fugitivo permanece.
Pero no escuchamos bien qué dice
-hay quizás demasiado ruido-
y no entendemos nada, nada.¿Lograremos hoy el milagro
de la revelación de la materia?¿Arribaremos absolutos,
íntegros a los otros?
¿Podremos hoy vencer los miedos
y ver más claro, hacer verdad?Casi todo nos pasa inadvertido.
Un niño prisionero se hace sangre.
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