Ciertas palabras
Posted on Febrero 25, 2007
Esto que sigue es fruto de otra disgresión aeroportuaria. Les cuento: me dio por pensar lo inadecuadas o tristes que suelen ser la palabras que utilizamos para referirnos a nuestros órganos sexuales y a todo lo que tiene que ver con el sexo. Esto tiene sus excepciones, escroto, por ejemplo, suena fuerte, potente, parece un nombre adecuado para el recipiente seminal masculino, pero tal vez el mejor sea clítoris, suena dulce, a cortesana de la antigua Roma, a la que se pudieran dirigir epígramas a la Catulo (o a las versiones de Catulo de poetas como Cardenal y otros, que yo dejé el latín en 3º de BUP), algo como esto, así, sobre la marcha:
Mientras por tu dulce nombre
me arrastro borracho por las callejuelas de Roma,
dulce Clítoris, tú te ofreces a la pastosa y basta
-como todo él- lengua
de Phidippus, por unas cuentas monedas y unos vestidos de Prada.
.
Pero sólo entre mis labios tu nombre adquiere
la sonora exactitud que le es propia.
No sé, fíjense en la palabra pene, da penita, y sus variantes de origen popular no son mucho mejores, les invito a que lo piensen, y lo mismo cabe decir de la palabra vagina y sus sustitutivos… No sé en otros idiomas, pero en inglés la cosa es hasta peor (qué decir del cock/dick masculino o del cunt femenino… no saben a nada, y en su fervorosa adicción a las contracciones, a veces convierten clítoris en clit, esto es, apenas un interruptor…).
Y del acto sexual ¿Qué decir? Nos hemos tenido que buscar circunloquios como “hacer el amor”, para referirnos a él, porque nuestro follar al igual que el inglés fuck, con su sonoridad ambigua, creo que reflejan nuestra propia ambigüedad ante algo que nos atrae y, a veces obsesiona, pero que, al mismo tiempo, fruto de siglos de represión, nos desagrada de algún modo… De ahí que esas palabras se utilicen también como insultos. Yo no he oído que a nadie le griten “¡Que te hagan el amor!” o “¡Que te amen, cabrón!”
Aquí, sin embargo, hay dos alternativas al cursi “make love” que me gustan: enrrollarse, que se puso de moda cuando yo era un adolescente, o sea, que ya es toda una palabra veterana; me gusta porque los cuerpos hacen eso: se enrollan, se enredan, se lían… pero aun me gusta más un dialectal canario (igual se dice en más sitios, no sé) : cobijar; pues qué otra cosa hacemos a veces al juntar nuestro cuerpo con el de otra persona sino buscar cobijo, refugio, un espacio donde todo se detenga (reloj, no marques las horas) y donde todos los sucesos externos a ese momento carezcan de importancia…
En todo caso, por favor, si van a escribir poesía erótica, no se me refieran a nuestros órganos específicamente sexuales (ya se sabe, el mayor órgano sexual es el cerebro) bajo la horrible politicorrectada de “sexo”. Hace unos meses, en una lectura de poemas, casi cometo poeticidio cuando uno de los autores, refiriéndose al hecho de acercarse al coño de su amada dijo “me aproximo a tu sexo”. Dioses… Esa vaguedad es absolutamente contraria a cualquier criterio poético. Si no quieres decir ciertas palabras porque no te suenan bien, búscate una metáfora potente, que transmita lo que quieres, pero no me uses palabras sin carga, insulsas, propias de suplemento semanal de períodico, por favor.
Si quieren una muestra de poesía erótica potente, les remito al viejo Keneth Rexroth y a sus Poemas de amor de Marichiko. Estos poemas tienen su historia, porque cuando se publicaron por primera vez, Rexroth los presentó como obra de una poeta japonesa de la corte de Kioto, dedicados a su amante; realmente eran obra de un setentón Rexrtoh. Cuando los descubrí me marqué como objetivo llegar a los setenta con la cabeza como ese señor… además, estos poemas nos muestran cómo el erotismo nos puede llevar más allá de nuestros límites físicos y mentales hasta ser otro u otra, de verdad. Aquí les dejo tres de muestra:
CXI
Grito cuando me muerdes los
pezones y el orgasmo
me vacía el cuerpo, como si me
hubieran partido en dos.
CVII
Me despiertas,
me abres los muslos y me besas.
Te doy el rocío
de la primera mañana del mundo.
.
CXXII
Cuando salía del baño
me tomaste ante el largo espejo
y junto a la baja cama,
mientras mis pechos temblaban
en tus manos y mis nalgas
se estremecían contra tu cuerpo.
Traducción de Carlos Manzano (Actos sacramentales, poemas de Kenneth Rexroth, Ed. Gadir)
Para teminar: Rexroth (antes de una lectura de sus poemas): “Bien, señores y señoras, ¿qué les gustaría esta noche, erotismo, misticismo o revolución?”
Una asistente de la audiencia: “¿Hay en realidad alguna diferencia?”
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