De tu boca a los cielos
Posted on Febrero 19, 2008
Acabo de terminar De tu boca a los cielos, una novela de escritor isleño afincado en barcelona José Carlos Cataño; una novela que se editó en los años 80, y que ahora tiene una segunda oportunidad con los lectores. Raramente me meto aquí en los territorios de la narrativa, pero, no sé, tenía la necesidad de comentar algunas cosas alrededor de su lectura, tratando de no desvelar demasiado.
De tu boca a los cielos es una novela inusual en el narrativa española, me parece a mí. La historia no es argumentalmente muy compleja: se trata de un viaje de uno a otro extremo del Mediterraneo de un hombre detrás de una mujer, tan carnal como inasible, que está condenado a la frustración desde el comienzo. También es la historia de un español, digamos estándar, sumergido en el mundo y en el lenguaje (redundancia) de quienes dejaron de serlo, por expulsados y exiliados. También es un viaje entre lenguajes: el castellano moderno, la jaquetía (hakitia) de los sefardíes de Magreb, el ladino de los sefardíes grecoturcos…
La poética expresión que da título a la novela, es, según nos indica el autor, transcriptor, adaptador de la narración, una expresión del tipo de las que dan firmeza a un anhelo, viene a significar: “que aquello por lo que suspiras se cumpla de verdad”, una petición que está a la vez llena de esperanza y desconfianza en que lo deseado se encarne, tenga lugar.
Según parece, la jaquetía, el judeocastellano (judezmo) hablado por los judíos sefardíes del norte de Marruecos y algunos puntos de Argelia, es un dialecto casi ya extinguido, apenas vivo, de gente anciana, a diferencia de la versión oriental, que cuenta con prensa y una fuerte comunidad que lo alimenta. España, parece ser, no ha mostrado lo que se dice un gran interés en mantener unos lazos que tan interesantes podían resultar y no sólo en términos culturales.
Y el viaje del protagonista, a través de sí mismo, de las ciudades mediterraneas, de Ceuta a Esmirna, y a través de las palabras, nos muestra cómo los idiomas mediterraneos: el castellano, el portugués, los dialectos sefardíes, el catalán, el italiano… forman un magma común que no hemos sabido aprovechar. El judezmo, ese castellano exiliado y viajero, forzado, como el protagonista de la novela, a cruzar el Mediterraneo, se va alimentando de palabras de idiomas costeños, como el catalán (“kalía ser modesto y mirar más abasho de sí” , de cal: “es preciso”, en catalán) o el italiano (“las fuerzas de la sigureza en vista tomaron mesuras”), recordándonos de paso que estos idiomas de los que tan orgullosos estamos y que son usados por unos y otros como armas arrojadizas, no son más que versiones regionales del latín criollo, de sermo vulgaris…
“Este terror se anchea”, dice uno de los personajes. Anchearse, extenderse… quizás deberíamos dejar que nuestra curiosidad por nuestros vecinos se ancheara y buscar aquello que nos laza, nos liga, y dejáramos de detenernos en eso tan poquito que nos diferencia, habiendo tanto en común. Les dejo con esta hermosa expresión jaqueteña: “Que el Dío jenne y abra puertas de luz“.
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