Ekomo

Posted on Julio 15, 2006

Hace ya veinte años,  la editorial de la UNED  publicó un libro especial: EKOMO, una novela de la escritora ecuatoguineana María Nsue Angüe. La primera novela en el español subsahariano de Guinea, lo que debería haber sido un acontecimiento en sí mismo para un idioma que se reivindica universal. Sin embargo, la novela pasó desapercibida y apenas a través de un par de enlaces puede seguírsele la pista en la Red.

Ekomo cuenta la historia de una mujer que debe enfrentarse con un entorno tradicionalista y temeroso de cambios. Es una novela muy interesante, no sólo por la historia que desarrolla, sino, especialmente, por el español en que está escrita. Recuerdo que cuando la leí me llamó la atención su potencia rítmica,su musicalidad. Recogía en castellano la energía de la narración oral, de la oralidad como transmisora de mitos, de un modo similar a como Tutuola plasmó en su anglonigeriano las historias del bebedor de vino de palma, o Achebe contaba/cantaba el proceso de destrucción colectiva y personal de toda una cultura.

No sé si María sigue escribiendo, si ha publicado más libros, se acepta gustoso información… Para animarles a registrar las librerías de viejo buscando a EKOMO, aquí les dejó con los párrafos iniciales de su primer capítulo (¿Habrá en alguna parte una versión en pdf?)

Entre un poco de sol y un poquito de sombra, la mañana parece como si fuera a llover de un momento a otro.

Sol tímido, época de frío, los niños buscan excusas para no ir a la escuela. Pasa el awawa camino de la ciudad, atestado de gente, cerdos y gallinas. Y entre un poco de sol y un poquito de sombra, Ekaa se queda en tierra con su saquito de café, entre la nube de polvo y la mano en alto.

Las cabras rumian tranquilas sobre las hierbas; los cerdos se restriegan contra las vigas. El ruido del coche, paulatinamente, va perdiéndose poco a poco tras las montañas.

Entre un poco de sol y un poquito de sombra, el color gris domina el ambiente. El humo de los tejados azul-ceniciento sube hacia arriba en busca de un cileo azul-ceniciento. La niebla blanca cenicienta cubre las copas de los árboles verde-cenicientos.

Cabañas grises de paredes grises; gris en el color de las nipas viejas que cubren los tejados.

Entre un poco de sol y un poquito de sombra, la mañana parece como si fuera a llover de un momento a otro. Es la mañana gris de mi pequeño pueblo.

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