El ciclista
Posted on Julio 8, 2007
Bueno, ya empezó el Tour de Francia. Hace un tiempo conté aquí mi
fascinación de siempre por el ciclismo. OK: doping,trampas etc… pero para mí el ciclismo sigue siendo el deporte de competición que más se parece al drama de la vida… incluso, o aún más, por todo eso: ¿o no hace el ciclista lo mismo que el trabajador a destajo, jugarse literalmente la vida por un sueldo, llevando su cuerpo más allá de lo que puede soportar? Que en todo el tinglado comercial del ciclismo profesional sólo se tenga por culpables a los que pedalean, no a los organizadores de carreras inhumanas, no a los equipos, no a las empresas anunciantes, como si toda esa banda fuesen inocentes corderillos engañados por el malevolo currante… me apena. Es como cuando culpan a un trabajador del accidente que lo mata.
Y coincidiendo con el arranque de la Grande Boucle me encuentro con el poema “El ciclista” del poeta venezolano a quien tuve el placer de conocer hace poco, Joaquín Marta Sosa. Les dejo con él, si pulsan en “read the rest of the entry”
EL CICLISTA
El hombre es el más bello invento de la bicicleta
Jean-Edern Hallier
El ciclista va crucificado hacia lo alto de la montaña
atrás kilómetros y kilómetros de carreteras
ya no suda agotada el agua toda de su cuerpo
el sudor lo inunda como un caballo enloquecido
no mira sus piernas son los ojos
tampoco oye concentrado va en su corazón
en la oscuridad de los pulmones agoniza
combaten luchan sus ejércitos enemigos por completo
el ciclista va sólo centímetro a centímetro
verdad dirigida quien sabe a qué lugar desmesurado
bajo el asombro de un gavilán que centellea
el asfalto derrite la sangre abre los músculos
rompe todo lo que sigue en pie
montaña arriba siempre arriba sin desmayo
imposible saciar esa montaña
más alta que el peor desafío de los dioses
el reloj no avanza ni los pedales
los metros se detienen el tiempo pesa
como una esperanza que se escapa
el cuerpo termina de exprimirse
yo: cercado entonces por el terror de los derrumbes
con un temblor de pesadilla presumo la meta muy lejana
mi cara tras la ventanilla del carro que acompaña
hago mío ese cuerpo desecho en una vida agigantada
llamarada que se extingue y se rebela
cuento uno a uno mis completos doce años
en esa interminable conmoción del alma
que impulsa los pedales y la bicicleta carga en hombros
allí desde la ventanilla
decido que la amistad del silencio es lo único que vale
penas vergüenzas esfuerzos mortales
el amor a la soledad
es el fuego la antorcha absoluta de la vida
porque es un cazador solitario el ciclista
a la caza de sí mismo
que puede morir y muere
en las tenazas de un silencio donde la compasión se ahoga
cuando la gente grita contra sus ojos ciegos
contra sus oídos muertos
no te rindas
queriendo decir no nos abandones
olvida tu desamparo por nosotros
sueña con la tentanción de un barco a la deriva
fuera lejos muy lejos de este mundo
en implacable nieve hundido
el pecho lacerado y muy adentro
en ese calor que los asesinos atesoran
exhausto ya el halcón la llama exhausta
la sangre es una bandera en los destrozos
el ciclista sigue continúa en la cárcel de sí mismo
sin ir a parte alguna
salvo al orgullo limpio y cruel
de quienes lo idolatran hasta el fin
consumado él en su destino
esa amistad mortal
que lo reta y que él no desafía
que jamás traicionará
ni siquiera si con la muerte tiene que entendérselas
entregándose entero a sus cuchillos
y desde allí vencerla
a pesar de la derrota
.
Joaquín Marta Sosa, de Territorios Privados, 1999
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