El enigma del invitado
Posted on Octubre 11, 2005
Me entero, gracias a Letras Canarias, de que Ediciones Idea va a editar las obras completas de Emeterio Gutierrez Albelo. Sobre el trabajo de rescate editorial y difusión cultural que está realizando Ediciones Idea tendré que detenerme algún día, lo cierto es que su llegada está siendo aire fresco en este fragmentado (no sólo por el mar) archipiélago en que vivo.
Emeterio fue uno de los poetas isleños que se agruparon alrededor de la revista Gaceta de Arte, un grupo que fue capaz de poner en pie la primera exposición surrealista en territorio español, con la presencia de André Breton y Benjamín Peret, y de estrenar La edad de Oro de Dalí y Buñuel a pesar de las protestas del obispo nivariense de turno. Todas estas cuentas se acabaron saldando con sangre (Domingo López Torres),larga prisión (Pedro García Cabrera) y, derrota y exilio interior por parte de otros, como en el caso de Gutierrez Albelo.
En 1936 (vaya añito ¿no?), Emeterio publicó un poemario muy especial: El enigma del Invitado. Nunca después llegó a alcanzar la extraordinaria tensión expresiva de esta breve obra, pero ahí quedó. Aquí tienen tres poemas de “El enigma…”, parecen, si lo piensan, escritos esta misma mañana…
1
Me arrastran
y me sientan
a comer
en una larga mesa.
Me ordenan
que adopte
posiciones forzadas,
inútiles,
molestas.
Que escancie sin repulsas,
en empolvadas calaveras
largos sorbos
de absenta.
Que utilice mil veces
la almidonada servilleta.
Que trague,
sin romperla,
una lunar
oblea.
Que trinche sin dolor
un sexo de doncella.
Que parta con cautela
un pastelón de tierra,
en ya no sé cuantas fronteras.
(Y que reprima sordamente
estas ansias tremendas
de tirar del mantel
y derramar toda la cena)2
La trinchera enemiga
avanzando en silencio.
Sus aceitosos goznes.
Su hocico de vulpeja.Se me esconden los ojos
rodando para adentro.
Se me arruga la honda
pechera de hojalata.
Se me tuerce al revés
mi hábito de pulpo.
Se me taponan todos
los íntimos rincones.
Y ella sigue avanzando,
avanzando en silencio.24
Me encontraba escribiendo
a oscuras
y en un frío aposento.
Si entraba alguna claridad, tenía
que cerrarme los ojos
para poder hacerlo.
Me servía de pluma
un partido barrote del encierro;
y de tinta, los chorros
profundos del silencio.
Me encontraba escribiendo
una carta angustiosa.
Sin dirección y sin destino ciertos.
Una carta sin nombre
y - acaso-
sin texto.
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