El estado de la cuestión

Posted on Junio 1, 2006

Sigan la cita:

(…)Por entonces, el idealismo y el realismo, exangües y estereotipados, se enfrentaban con saña simplificadora proponiendonos opciones exclusivas y excluyentes: metafísicos contra materialistas, formalistas contra contenidistas, exquisitos contra populares, cosmopolitas contra autóctonos, literarios contra literales, puristas contra pedagogos, hedónicos contra utilitarios, individualistas contra colectivistas. Recogida en su santuario, replegada hacia su numen, estaba, como dijera Huidobro, la “manicura de la lengua”, la “poesía poética de poético poeta”, discretamente observante de las preceptivas tradicionales, timorata en el uso de las libertades textuales, demasiado utópica y ucrónica y abstracta, sublimante, evanescente, suspensiva, reticente. Rechazaba el sociologema para incurrir en los psicologemas y filosofemas más trillados. La hallábamos demasiado ausente, demasiado distante de las contingencias del mundo de afuera y de las incidencias de la vida de todos los hombres y de todos los días. Ella nos defraudaba porque, con sus pretensiones de quintaesencia, de filtro, de transporte, de revelación, solía desembocar en la monotonía imaginativa e instrumental, con sus modos y lugares comunes, con su retórica tan congelada y casi tan recurrente como la del realismo social. En este, el exceso de determinación ideológica que fijaba el sentido sujetándolo a la monodiamonosémica de los esquemas remanidos con los cuales se pretendía interpretar la realidad, y la extremada restricción expresiva impuesta por el decir claro y directo en aras de una legibilidad popular, reducían el registro a la lengua llana y a la representación verista de lo verificable.

Estaba también el surrealismo tórrido y torrencial, afecto a la orgía metafórica, al frenesí telúrico. Su nostalgia de los paraisos naturales y de la plenitud del adamita no condecía con nuestro afán de modernidad, con nuestro interés por la actualidad, sobre todo artística, con nuestra idiosincracia ciudadana. Su abuso del lenguaje figurado, su factura desaliñada, su insuficiencia de recursos no respondían a nuestro deseo de decir nuestro aquí y nuestro ahora múltiples, multívocos y multiformes con la máxima amplitud estilística.

Tanto la lírica egocéntrica, desbordante o reticente, patética o vaporosa, teatral o musical, como la épica de la saga social, taxativa, voluntarista, proverbial, axiomática, habían cortado por completo con la primera vanguardia y producido una regresión técnica y una reducción del decible poético. Estos antagonismos se mancomunaron para rechazar la experimentación, el humor y el juego, atrincherándose a la defensiva detrás de escrituras más canónicas, áulicas o vernáculas, culteranas o naturalistas, y en todos los casos más sólitas, más previsibles. Tanto los estetas como los etas repudiaron las distorsiones, descalabros, explosiones; reprobaron los altibajos, mixturas, trastocamientos , disrupciones, disritmias, destiempos y desespacios practicados por los vanguardistas para acordar la representación poética con ese agitado cúmulo de interferencias e intersecciones aleatorias, con ese dinámico colmo de variables simultaneidades que es la realidad.

(…) Queríamos devolverle a la poesía la plenipotencia de su capacidad de manifestación; queríamos sacarla de ensimismamiento psicológico y de la estrechez sociológica para reinstalarla en la actualidad candente, convulsionada (…) Queríamos volverla a ligar con la lengua viva y con el mundo cotidiano (…) queríamos desacralizarla, desacartonarla, restituirle la plasticidad, la fluidez, la pluralidad, dotarla de la máxima amplitud de recursos para que pudiese decir la totalidad de lo decible.

He quitado algunos fragmentos del texto para proponerles un ejercicio: ¿De qué tiempo y de que territorio surge esta cita?

Antes de que se rompan la cabeza, les doy la solución: Se trata de un texto del poeta y crítico Saul Yurkievich (Los disparadores poéticos) en que habla de los movimientos de reubicación estética de los poetas jóvenes latinamericanos alrededor de los años sesenta: poetas entre los que enumera a Cardenal, Dalton, Jose Emilio Pacheco, Juan Gelman, Enrique Lihn, Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza y al propio Yurkievich.

¿Porqué tengo la sensación desde hace años de que la poesía latinomericana va alrededor de treinta años por delante de la que se escribe en la orilla peninsular (con sus benditas excepciones) cuando asisto a ciertos debates o escucho ciertas preguntas?

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Comments

3 Responses to “El estado de la cuestión”

  1. dmg on Junio 2nd, 2006 10:56 am

    Sinceramente, no veo la conexión entre el alegato de Yurkievich y los “ciertos debates” y las “ciertas preguntas” que has enlazado. Quizá se me haya pasado algo por alto. ¿Dónde ves tú los puntos en común? ¿Quieres decir que esos “ciertos debates” son falsos e inútiles y que esas “ciertas preguntas” no apuntan a ningún sitio? Eso es, al menos, lo que yo podría interpretar.

    (En cuanto al retrato de “momento poético” que hace Yurkievich…, en fin, sería cuestión de observarlo detenidamente -para lo que es probable que a todos nos faltaran ganas, tiempo y energías-… Respecto de la muy supuesta vacuidad del debate poético que se produjo en torno al realismo social -y aun al soviético-, tal vez te interese leer un artículo que Belén Gopegui publicó en el último número de la revista Youkali. Tengo la sensación de que a este respecto discrepo muy profundamente en el fondo de la cuestión).

    Un saludo.

  2. Daniel on Junio 2nd, 2006 12:39 pm

    Sigo la referencia que me das y te cuento. No, lo que me parece es que ciertas preguntas tipo la recogida de De Villena o las peleas alrededor de ciertas etiquetas no es que no sean necesarias e importantes, sino que, en comparación con lo que veo en los poetas latinoamericanos (incluyendo los más recientes como los recogido en la antología de Zurdos) me parece que es un debate antiguo o, si prefieres, con retraso, respecto a ale evolución poética en Latinamérica, porque aquella promoción de poetas fue capaz de rescatar el enlace con las vanguardias históricas sin perder de vista la realidad bullente y explosiva de sus países.
    Yo sí asumo como propio este, digamos “programa” respecto a la escritura (o a la acción) poética:

    “(…) Queríamos devolverle a la poesía la plenipotencia de su capacidad de manifestación; queríamos sacarla de ensimismamiento psicológico y de la estrechez sociológica para reinstalarla en la actualidad candente, convulsionada (…) Queríamos volverla a ligar con la lengua viva y con el mundo cotidiano (…) queríamos desacralizarla, desacartonarla, restiturile la plasticidad, la fluidez, la pluralidad, dotarla de la máxima amplitud de recursos para que pudiese decir la totalidad de lo decible.”

    Eso es lo bueno, que haya discrepancia, que se hable, se debata… al final, lo del retraso o el adelanto no deja de ser algo relativo que planteo precisamente para provocar un poquillo; cada tema se discute en cada sitio cuando en ese sitio hace falta…

  3. Daniel on Junio 5th, 2006 10:33 pm

    ESte comentario es de David, que se choca con mi filtro anti spam que me para estos comentarios y no los de la viagra… será que alguien me ve necesitado ;)

    Dice David:
    “Daniel, efectivamente, discrepo profundamente de lo que creo que aquí tratas de decir en compañía de Yourkievich. ¿Realmente crees que un debate entre el materialismo dialéctico -marxista o pseudo- y el neoliberalismo está “retrasado”? ¿Y crees realmente que la realidad latinoamericana ilustra ese supuesto “retraso”?

    ¿Devolver a la poesía su plenipotencia y sacarla de la estrechez sociológica? Eso se parece a esto otro: “La literatura es una forma de insurrección permanente y ella no admite las camisas de fuerza. Todas las tentativas destinadas a doblegar su naturaleza airada, díscola, fracasarán. La literatura puede morir pero no será nunca conformista”. Curiosamente, este alegato libertario (pero libertarismo exclusivamente para las funciones estéticas: el orden social debe quedar intacto) lo firma Vargas Llosa.

    ¿Libertad y autonomía para la poesía o para las personas y los pueblos? ¿Preocupación por las palabras o por las personas y las cosas?

    Qué pregunta, qué problema es el que nos va a permitir emanciparnos: ¿qué es la poesía? o ¿quién tiene qué y por qué?

    Lo que sigue es de Belén Gopegui: “La independencia del escritor, la autonomía insondable de la literatura aun cuando en esa autonomía se reconozcan posibles tensiones y equilibrios, reglas del juego a la manera de Bourdieu pero que actúan sólo como factores secundarios de un fuego que no puede ni debe ser sometido a ninguna política, a ninguna exigencia colectiva, a ningún “plan quinquenal” pues cuando así ha ocurrido la literatura ha muerto. Llama la atención que sólo cuando el socialismo trata de someter a la literatura ésta muera mientras que cuando el capitalismo diariamente la somete, condiciona, penetra, compra, seduce, alecciona, eso en nada afecte a su salud. Llama la atención que se pretenda de la literatura, hecha para contar la vida, una existencia en otra órbita, allá donde la vida, los miedos, los deseos de una sociedad no puedan alcanzarla. Llama la atención porque nunca nadie leyó ni escribió esa literatura.”

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