La casa transparente

Posted on Diciembre 28, 2007

Y que manera más buena de cerrar el año que viendo que al fin ve la luz La casa transparente, de Ernesto Suárez. Lo que sigue lo digo a sabiendas de que es conocida mi falta de neutralidad respecto a Ernesto, pero convencido de que los poemas que reproduzco detrás hablarán por sí mismos.

Ernesto pertenece a una estirpe de poetas que lo son al viejo estilo masónico: no secretos pero discretos, de aquellos que no sienten presión alguna por mantener su material inédito el tiempo que haga falta hasta que se produzca la decantación que separa lo accesorio de lo indispensable, de tal modo que Ernesto es, seguramente, más conocido por su labor profesional o por su trabajo como crítico y editor que por su condición de poeta. Su último libro publicado, “Las Playas”, fue editado hace cinco años y recogía 20 de trabajo poético organizado en breves cuadernos.

Ernesto Suárez es hijo también de la tradición vanguardista de la poesía isleña que brotó en los años de la República y que soterradamente mantuvo el aliento durante la dictadura a través del postismo de Casanova, del muy peculiar grupo fetasiano, y de la obra de poetas tan particulares como Luis Feria, Arturo Maccanti y Eugenio Padorno. En ese arco temporal que va de los años 30 a los primeros 80, cabría decir, tal vez generalizando, que la gran poesía escrita en las islas pasa, de una explosión experimentadora inicial a una intensa indagación de las relaciones del individuo insular con la isla. Esta conversación continua con el territorio, tengo para mí que es propia de los poetas isleños más que de los continentales, porque la isla no es una extensión más o menos definida o no, sino un espacio muy concreto, de fronteras innegociables.

También es Ernesto un amante y estudios de la tradición de tensión expresiva y contención que significa la tradición del haiku y el tanka japonés; en ese sentido muchos poemas de Ernesto son detalles que capta una mirada alerta: “No hay islas / desiertas de la mirada”.

Ajeno a cualquier poética experiencialista, tampoco puede vincularse a Ernesto Suárez a otras tendencias como la “poesía del silencio”, por utilizar etiquetas más o menos reconocibles. Ernesto tensa las palabras al máximo, pero es consciente de que, en cada poema, el poeta tiene que poner un trozo de su propia carne si quiere que el poema sea algo más que un ejercicio de estilo. De la tensión entre la exigencia más radical y la emoción surge la fuerza de sus poemas.

La Casa Transparente se organiza en tres bloques que vienen a girar alrededor de tres temas diferenciados: Rastros, diálogo de la mirada y el territorio, siempre insular, que la enfrenta y delimita; Umbrales, poemas de amor y pérdida de los vínculos más radicales: los que surgen de los lazos familiares, siempre tan difíciles de expresar, y, tengo que decirlo, donde he dado con algunos de los poemas más potentes, ricos en lo que dicen y en lo que entrañan, es decir, guardan dentro, que he leído en los últimos años; y finalmente, Hendiduras, donde Ernesto muestra, de algún modo, su taller.

A mí, personalmente, me dejan literalmente boquiabierto los poemas de núcleo central, en más de un sentido, de Umbrales, poemas como este que les reproduzco, un gran y verdadero poema en prosa, hoy que se nos vende tanto sucedáneo:

Un día perdí mis ojos. Eran unos ojos grises que yo siempre vi azules, como el asombro en la mirada de mi padre. Eran de un azul violento mis ojos grises. Siempre pensé en la inmensidad de un río desconocido cuando los contemplaba. Un río lejano, cuyo delta se abría generoso en las crecidas. Por entre sus riberas navegaban canoas de nutrida carga; frutos, ramas, troncos, todo deslizándose hacia el mar como oro cernido.

En la estación de lluvias también bajaban por el río las bandadas de los pájaros ahogados; sus plumas sin orden, dispersas; los picos sumidos en el ronco resonar que llegaba, lejano, desde el asombro azul de la mirada de mi padre. Era un río hermoso.

Un día perdí mis ojos de río. Desde entonces soy feliz en mi sed de mí

O este otro, parte de un conjunto titulado La Pérdida,dedicado a la memoria de su hermano Carlos:

II

Ahora me pregunto, dentro de un día o de un mes, dentro de un año, dos, cinco; qué quedará, cuál el recuerdo de este sonido del que todos huimos desde el día de nuestro nacimiento. Cuando alguien nos pregunte en esa lejana vida nuestra, qué diremos, cúanto seremos capaces de evocar de todo este mudo silencio en la queja, de este repentino desamparo que hoy nos hace hombres.

Creo que La Casa Transparente es un libro de poemas de una altura difícil de encontrar en la poesía en castellano, y Ernesto Suárez un poeta de una cualidad especial, alguien capaz de contar una vida entera y una historia familiar en una sola línea que es un poema:

Aún me protejo en aquel zaguán de la casa que ya no existe.

Ernesto Suárez nos dice que está el poema en las hendiduras de la palabra, son esas hendiduras las que dan su multidimensionalidad a un poema, lo que sus huecos esconden, lo que para cada uno significan sus palabras esenciales, aquellas que de verdad nos dicen:

hay un testigo que no nos mira
que no nos oye

al que no podemos tocar

de él ni el roce existe

mas ese testigo
queda
dice de nosotros

de nuestra verdad hay un testigo emboscado

El testigo emboscado de nuestra verdad está en aquellas palabras que no decimos, pero que, en ocasiones, se materializan en la boca y se pueden morder como una fruta o un trozo de tierra. Esta es la secreta verdad, particular y compartida,que los poemas de Ernesto Súarez nos quiere contar. Para que demos con nuestras propias hendiduras, nuestra propia casa transparente .

Poco más que añadir. Sólo decirles que si quieren un verdadero libro de poemas, se hagan con La Casa Transparente.

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