Utilidades
Posted on Febrero 22, 2008
Uno de los debates más aburridos en los que uno puede verse mezclado en relación con la poesía, es aquel de si se trata de algo útil o no. Hay que entender siempre que la cuestión de la utilidad de la poesía se plantea en relación con su capacidad de “transformar el mundo”, salvarlo, etc… en resumen, de su utilidad política; no se suele plantear si la poesía tiene otras utilidades, o si se plantea, parece que esas no fueran también intrínsecamente políticas…
Soy de la idea de que hay poemas capaces de provocar un fuerte efecto en las personas que los leen, que hay poemas útiles para la emoción y la reflexión, y que emocionándonos y reflexionando(nos) el mundo cambia, o al menos nuestra manera de ver el mundo, y al golpito eso puede tener efectos insospechados, para bien, ok, pero también para mal, como ya comenté en una vieja entrada, y ahí la responsabilidad.
Viene esta disgresión al caso de un artículo publicado el El Mercurio chileno y reseñado por el siempre avizor Libro de Notas, sobre los poetas y escritores ocultos tras los discursos de los políticos que los hacen brillar, a cuenta del llamado “efecto Obama”. Los discursos de Barack Obama, con esa frase o verso de tres contundentes monosílabos: “Yes we can” (sí podemos) que ha pasado a ser canción, están mostrando la capacidad movilizadora de la palabra inspirada. Y es que detrás de esos discursos, hay un escritor, un poeta.
El artículo de El Mercurio reseña otros casos, como los de Archibald McLeish y Robert Sherwood escribiendo para F.D. Roosevelt. Les recomiendo de verdad que le echen un buen vistazo.
Y es que las palabras inspiradas importan, y eso no es para que nos pongamos a dar botes de contento sin más. Esto es una responsabilidad, y muy seria. Estoy aburrido de ver cómo se devaluan las palabras en los espacios públicos, en la televisión, en la política, cómo se las retuerce para que digan cosas contrarias a su significado original, o se llenan los mensajes de basurilla que esconda las intenciones ocultas que aún así traslucen… si le echas en cara a alguno de nuestros personajes públicos que una vez dijo tal y ahora dice cual, ni se para a explicar las razones de su cambio, que pudiera tenerlas, simplemente se sonríe como diciendo “mira este con lo que viene…” No se asumen responsabilidades sobre lo que se dice, como si no fuera a veces tanto o más importante que lo que se hace, “son sólo palabras” se suele decir, se las lleva el viento…
Pues me temo que no, que muchas, para bien o para mal quedan, y volvemos a la cuestión de la responsabilidad. Quienes utilizan sus habilidades para alimentar los discursos del desprecio, fomentan el miedo, adornan la violencia contra el débil o la discriminación, deben saber que sus palabras pueden tener efecto, y que no es posible sacudírselo alegremente con un gesto de aburrimiento. Que esas palabras se pueden convertir en piedras, o en incendios de albergues, o en miradas que hieren como puñaladas.
El poeta nigeriano Niyi Osundare, un tipo responsable, dijo: “El yourba cree que la Palabra es extremadamente útil pero también extremadamente peligrosa. Debes pensar antes de hablar. El momento en que dices una palabra es como romper un huevo. No puedes volver a juntar los trozos del huevo otra vez.”
Ojito, pues.
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