London calling (un poema
Posted on Septiembre 16, 2006
de Juanjo Barral). El libro: El eco de nuestro pasos:

LONDON CALLING
Podría hablar de la primera exposición que vi desencajado
de Bacon. De aquella cena enmarcable
el el Smiths de Covent Garden. De las entradas por el jardín
de Lady Di en el restaurante San Lorenzo. De la coincidencia
de Aga ssi en el Froosts comprando yogures un junio de
Wimbledon.
De las mañanas dominicales en la gloria de Candem.
Podría extenderme en lo único que me preguntaban
los colegas al volver: qué tal el concierto de New Order,
donde pillaste
esa camisa, tienes que contarnos lo de Boy George
el otro día en la iglesia de PIcadilly…
Pero prefiero hablar de lo que a nadie importaba: de las manos
que fregaron miles de platos y tenían un aspecto tan las-
timoso que nose atrevían a salir, no se atrevían a salir ni
siquiera
de sus bolsillos cuando libraba.
De los menús que servía a tantas turbas de hooligans asociados
para celebrar por todo lo bajo el party de Christmas. De
las paradas
y paradas de metro rodeado de currelas por todas partes
empezando por la mía. De los humillantes controles de
aduana
para entrar en UK y veamos adónde vas y cuánto dinero
llevas
y me lo enseña usted si es tan amable
como si no. De los inspectores de inmigración buscando
a un tipo
con mi nombree y apellidos porque estaba en la agenda
de una amiga a la que impdieron la entrada en Gatwick.ç
Del mal trago en el Home Office con el visado.
De la pandilla de bastardos que casi me linchan por español.
De los neonazis en Trafalgar aterrorizando al propio Nelson.
Del pakistaní que me trató tan peor que los ingleses a él.
del nudo en la garganta con las bombas del IRA en
Oxford Street.
De la movida con un maricón en los baños de un cine del Soho.
De la debacle emocional aquel día que aquel hombre en
aquel festival en Battersea Park me golpeó con aquella
sinrazón evidente.
Del impacto entre los cientos de homeless que dormían al
ras de varios grados bajo cero en la estación de
Embarkment.
Del pańico tantas noches a la altura de Putney.
De tanta desolación.
.
Que también hubo.
Y nunca lo conté.
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