Noche de estrellas
Posted on Mayo 20, 2007
… era el título fácil. Jé…casi inevitable.
Bueno, en el mensaje anterior les invitaba a un acto del que no había hablado antes aquí. Se trataba de un acto especial, una lectura de poemas diferente de lo habitual para mí, y que, de hecho, era algo más que una lectura de poemas. Les pongo en antecedentes.
De un par de reuniones hace varios meses entre mi amigo Carlos Bruno, matemático y poeta, y la directora del Museo de la Ciencia y el Cosmos de Tenerife, Inés Rodríguez, surgió la idea de hacer algo que, de algún modo, supusiera un encuentro entre dos espacios de la creatividad humana aparentemente poco relacionados: la ciencia y la poesía. La idea partía de la posibilidad de aprovechar las posibilidades del planetario del Museo de la Ciencia, y en ella nos embarcó Carlos a Ernesto y a mí, a fin de cuentas, muy viejos amigos y cómplices en otras aventuras de éstas, y poetas con cierta sospechosa tendencia friki, amantes de la ciencia ficción y de sitios donde puedes saber cual sería tu peso en Júpiter, si te diera por visitarlo…
Cada uno empezó escribiendo por su cuenta poemas alrededor de la idea de planetario, que contaran con una cierta ubicación geográfica, que permitiera mostrar cielos distintos en momentos diferentes, pero después empezamos a tocarnos los poemas (vaya expresión) unos a otros, de modo que el resultado final, cerca de cuarenta textos, parecían escritos por un tal Bruno Suárez Bellón (jugando con nuestros apellidos) más que por tres personas diferentes, o eso nos fue pareciendo a nosotros. Este conjunto de poemas decidimos titularlo “Ruido o luz“.
Pero lo que se vivió en el Planetario de Tenerife anoche no fue sólo producto de nuestras tres cabezas… Rubén y Osvaldo, los técnicos del planetario, empezaron a trabajar alrededor de los poemas, y a aportar ideas, lecturas, en una interacción que no les podemos agradecer bastante. Gracias a sus aportaciones fuimos encajando las piezas de lo que finalmente se iba a leer, que no fue el total de los poemas, sino aquellos que nos permitían generar, de algún modo, un hilo conductor, contar una historia que son varias, en alrededor de 45 minutos. Y, además, contamos con la suerte inmensa de que Javier Marrero Acosta, un músico de larga trayectoria en el jazz isleño, se incorporara al proyecto componiendo unas piezas expresamente para Ruido o Luz.
Las personas asistentes al planetario, por tanto, veían sobre sus cabezas cambiar el firmamento, a medida que los poemas trataban de ubicarlos en otro lugar, disfrutando al mismo tiempo de los efectos sonoros y visuales creados por Rubén y Osvaldo, y de la música de Javier. Tuvimos que hacer una sesión extra, lo que fue para nosotros una sorpresa muy bien recibida aunque nos obligara a cenar a las y tantas.
La siguiente fase de Ruido o Luz es convertirse en un libro. Tal vez en un audio, habrá que ver…
Sé que hablo en mi nombre y en el de Ernesto y Carlos cuando agradezco con el alma a Inés, directora del Museo de la Ciencia y el Cosmos por su valentía en confiar en semejantes sujetos, a Maria José, por su atención al detalle e interés en el proyecto. A Rubén, Osvaldo y Javier casi que no les decimos nada; para nosotros son tan parte del proyecto, tan o más padres del resultado final que nosotros mismos, sólo que a ver si el tiempo nos da más oportunidades de colaborar, jugar, conocer.
Y aquí abajo, la foto del elenco, máquina del planetario incluída.

De izquierda a derecha: Rubén, Osvaldo, Javier, Carlos, Ernesto y Daniel, encima de sus cabezas, el planetario, propiamente dicho.
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