Orillas

Posted on Mayo 10, 2006

Las insulas extrañas Hace unos días que vengo siguiendo la conversación generada en la bitácora de Vicente Luis Mora, alrededor de su libro “Singularidades”, del que nada puedo decir gracias a la nefasta distribución editorial que en general sufrimos en Canarias -pero para eso está Internet-, y alguna crítica de la que fue objeto. En medio de esa conversación, Vicente Luis comenta algo, que quisiera usar de liña de tendedero para esta reflexión sin pretensiones. Dice Vicente Luis:

En “Singularidades” intento determinar que, en realidad, no deberíamos hablar de poesías españolas o hispanoamericanas, sino más bien en lengua castellana o, como señalan Sánchez Robayna y compañía, “poesía hispánica”. Porque se suscitan, Leo, diversas situaciones problemáticas. Tú, por ejemplo, que vives ahora en Madrid: si publicas en una editorial española, ¿haces literatura hispanoamericana? Y Tomás Segovia en México, ¿hacía poesía española? Mariano Peyrou, Rodrigo Fresán, Andrés Neuman, Edgardo Dobry, Gottopo, ¿hacen literatura hispanoamericana o, más bien, literatura a secas? ¿Y los hispanoamericanos que se van a vivir a USA y se contaminan de spanglish, también son sólo hispanos?

Plantea Jorge Luis la dificultad de elaborar, en este mundo global que nos toca, mapas que constriñan una lengua como la castellana, de expansión mundial, y a los creadores que con ella trabajan, a retículas “nacionales”, y se remite a “Sánchez Robayna y compañía”, imagino, que, refiriendose en particular, además de a los múltiples textos de Sánchez Robayna sobre el tema, a la famosa y polémica antología “Las ínsulas extrañas”, que trataba de presentar una selección de la poesía hispánica contemporanea como un conjunto no delimitado por fronteras nacionales.

A mí, esa antología me gustó, y gracias a ella descubrí autores y poemas que me deslumbraron. Personas cuya opinión valoro mucho y que son profundos conocedores de alguna de las “poesías nacionales” (qué horror de concepto) latinoamericanas, criticaron la ausencia de algunos poetas. Yo no puedo llegar a tanto, no llegan a tanto mis saberes, pero sí creo que hay que reconocer el valor de los autores,Valente, Sánchez Robayna, Milán y Varela, de plantear una antología desde un criterio, compartible o no, y no una selección “bienqueda”; de ahí la polémica que suscitó en su día.

Una de los comentarios críticos que entonces se hicieron, aparte de a la selección de autores, me hizo especial gracia. No tengo la referencia exacta, pero recuerdo que alguien comentó como defecto de la obra, que la poesía española estaba infrarepresentada frente a la latinoamericana, que había casi el doble de poetas de allá que de aquí, por expresarlo de una manera simplona. Esa crítica era una expresión de hasta donde llega algo que podríamos llamar “españocentrismo” en ocasiones. También podría usarse un adjetivo con más peso para esa actitud: “Casticismo”.

Porque tan sólo México tiene el doble de habitantes que España, lo cual es un dato tonto a tener en cuenta, si bien es cierto que el tamaño de un país no tiene nada que ver con su aportación a un arte, o, en concreto, a la poesía, o, si no, preguntemos a Nicaragua, país pequeñito de poetas inmensos.

La cuestión de las “dos orillas”, como se suele mencionar, también tiene su gracia. es cierto, que por su propio dinamismo y curiosidad cultural, los poetas latinoamericanos, han mantenido contactos entre sí, y con otros idiomas y culturas, saltándose fronteras políticas y geográficas, desde hace mucho tiempo, al menos desde aquella primera globalización que supuso el telégrafo, el ferrocarril y los viajes transoceánicos, que coincide con el desarrollo del modernismo, pero creo de Mexicali a la Patagonia hay más de una orilla, más de un acento y más de una tradición, aunque se trate de tradiciones que se comunican, se discuten, y, por tanto, se mezclan, en todo el continente.

Me gusta considerar la lengua castellana como un océano que baña diferentes orillas y en cada una adquiere un color, una tonalidad diferente. No creo que se trate de una metáfora original, precisamente, pero se puede seguir tirando de ella: por ejemplo, los océanos no tienen un centro geográfico determinado, o, de tenerlo, es un punto absolutamente inútil, y que, en todo caso tendría la consideración, fíjense, de aguas internacionales.

Sin embargo, hay una cierta tendencia en ciertos pensadores de la poesía española a considerar ésta la “Línea central”, la referencia básica de la poesía en castellano, alrededor de la cual deben girar las demás. Un ejemplo, si quieren,de esta visión, en las palabras de Luis Antonio de Villena, alrededor de la publicación de la obra completa del poeta canario Arturo Maccanti:

“… los peninsulares hemos emblematizado mal a Canarias en dos o tres nombres, y de ahí surge ignorancia, más física que estilística. Por el contrario, muchos canarios, no sintiéndose llamados, han cerrado la puerta soñando –con algún aliento interno- en alimentarse sólo de una tradición local o de Latinoamérica. Ambas posturas son a mi entender estériles y equivocadas”.

Muchas cosas pueden decirse de este párrafo, y hay quien las ha dicho, pero yo voy a centrarme en un sólo aspecto: la consideración del que escribe de que la península ocupa el lugar “central”, la tradición de referencia de la que no se debe salir. El poeta isleño que “se alimenta de una tradición local” (si hay una tradición local cosmopolita en la poesía española es la canaria, llena de poetas hijos del muelle, del comercio y del trasiego de lenguas y personas de todo origen) se equivoca, y si mira a la orilla latinomericana , que, insisto, para mí es más de una orilla, también. Para de Villena sólo hay un centro posible.

Bien, estar en el centro de un océano es complicado, no hay más que agua alrededor y es muy fácil ahogarse. Muy facilmente puede uno pensar que la chalupa donde se encuentra es el mundo completo. Personalmente, prefiero tener a la vista todas las orillas posibles, propias y ajenas, y sentir que de mi tradición forman parte Quevedo, Lorca y Juan Ramón, y Cardenal, Juarroz, Pacheco… entre tantos otros de las cien orillas del idioma.

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