Otakus en Vecindario

Posted on Marzo 19, 2007

Una de las cosas buenas de tener hijos es que a veces son ellos los que te llevan a sitios interesantes. Así fue este fin de semana, en que se celebró en Vecindario, una localidad del Sureste de Gran Canaria, el Primer Salon del Manga en esta isla. Lo organizaba una asociación juvenil Otaku Island, y creo que ni ellos esperaban la afluencia masiva que se produjo. Cuando llegamos había una larga cola para entrar porque el recinto cedido por el ayuntamiento no daba más de sí… un montón de gente disfrazada (la entrada era gratuíta si ibas de cosplay), chicos y chicas (eso ya fue una primera sorpresa, siempre había supuesto que la afición al manga era más cosa de chicos)… Dentro, ambientazo, y muy buen rollo (esta expresión se utiliza últimamente acompañado de cierto tono despectivo que no entiendo, como si lo bueno y natural fuese estar todo el tiempo envenenado y con la garganta biliosa). Talleres de origami, escritura japonesa, go, cartas… stands de librerías, carpa para ver pelis, exhibiciones de kendo y un “restaurante” en el que se distribuían raciones masivas de ramen (ver nota 1) que mezclaban sus aromas con los bocadillos de chorizo (ver nota 2) que algunos visitantes habían traído para hacer frente al hambre que da pasarlo bien.

Desde el punto de vista de un adulto hay muchas cosas que llaman la atención: una, la manera en cómo el manga se ha convertido en un referente cultural básico para muchos jóvenes españoles. Uno, que fue devorador de tebeos (atentos al matiz, no coleccionista, no connoseur, sino devorador de historietas que me sacaban de mi rutinilla preadolescente y me lanzaban a otros mundos donde todo era posible), lo entiende. El cómic europeo, en un momento dado (tal vez por los 80) decidió que había que ser adulto y “artístico”, se abandonó casi completamente el tebeo infantil y juvenil, y en las librerías te encontrabas caros tomos lujosamente encuadernados, con unos dibujos extraordinarios… y unas historias, en muchos casos, para dormir a las ovejas. Y ahí entra el manga: tebeos para todas las edades, historias llenas de personajes con los que cualquier niño-adolescente puede identificarse, violencia en dosis variadas, picardía y cierta incorrección… y se comieron el mercado. Si a eso le añades que el manga suele ser una de los lados de un triángulo al que hay que añadir los dibujos animados (anime) y los juegos (video y no video, como las cartas coleccionables) resulta que desde Japón llega un mundo en el que cualquiera puede pasarlo bien, y donde hay desde historietas sin pretensiones a aunténticas virguerías, a precio razonable.

Otra, lo tienen un puntito complicado los amantes de raíces puras e identidades sin mácula. Nuestros muchachos y muchachas viven en un mundo global en el que es perfectamente razonable ver los episodios de Naruto que aún no han emitido los canales nacionales por You Tube en japonés y con subtítulos en español… donde el mismo chico que aprende a tocar el timple en la escuela colecciona enfermizamente cartas de Yugi-Oh y sabe comer con palillos con la misma maña que con tenedor y cuchillo. Y no se les nota ningún desgarro o dolor en ello, asumen roles diferentes en diferentes entornos con toda naturalidad.

Quienes, por otra parte, aún anden hablando de imperialismo cultural norteamericano, le suguiero que cambién la mira. Para nuestros menores de 18 años todo lo interesante viene de Japón, salvo la música, que llega desde el Caribe…

En fin, que me lo pasé muy bien (Mejor mis muchachos, claro) que me dejé una pasta (claro) y que me puse morado a ramen bien picante. Mis felicitaciones para los atosigados y, tan jóvenes, organizadores.

Nota 1: Ramen, es la fast food japonesa (una explicación divertida la da mi amigo Tetsuo). Consiste en un bote lleno de fideos y verduras deshidratadas, bien sazonadas de abundante glutamato monosódico, al que se le echa un cacito de agua caliente y… traca, a papear, los fideos con los palillos y el caldito de uno o dos tragos.

Nota 2: Bocadillo de chorizo, fast food española consistente en un pan abierto por la mitad y relleno de el embutido de ese nombre, procedente del cerdo. Hay una gran variedad de embutidos que hacen del bocadillo todo un mundo de posibilidades.

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