Poesía en tiempo de redes (2)
Posted on Octubre 18, 2006
Siguiendo con lo que les comentaba en el post anterior.
1.- Poesía en tiempo de redes.
Quéjanse los poetas con amargura de que son estos malos tiempos para la lírica, aplastada por la fascinación que las tecnociencias y sus milagros generan en una sociedad embotada por el afán de lucro y la novelería. En tan adversas circunstancias, qué le cabe al poeta sino refugiarse en su “vida interior” y en la lectura de los clásicos, aquellos en particular que nos ofrezcan sosiego, y no nos provoquen desazón con preguntas a destiempo o impertinentes. ¿Cómo puede el poeta vivir en este mundo de pantallas omnipresentes que nos ponen las tonterías, las crisis, el vicio, la violencia, los conflictos de cualquier lugar del mundo, ah tan pequeño, tan lleno, en las narices, sin posibilidad de escape, de videojuegos y ordenadores interconectados por los que mana un flujo incesante de información, un mundo líquido, fluido, como lo describe Vicente Luis Mora, poeta e investigador del mundo digital? La poesía está condenada a la extinción, ay.
Vamos a ver, hagamos una cosa: introduzcamos la palabra “poesía” en Google. A ver qué pasa:
69.600.000 webs… realizando una búsqueda de una palabra española en un entorno todavía mayoritariamente anglófono. No parece poca cosa. Es muy posible que la gran mayoría de esos enlaces nos dirijan a basura informacional, tal vez sólo el diez por ciento tenga detrás un interés verdadero por o para la poesía, pero aún así, resulta ser un montón. El “problema” es que todo ese volumen de información sobre poesía nos viene sin organizar, sin jerarquizar, porque Internet es una red de un tipo distinto a los entramados precedentes; es una red en la que no hay jerarquías piramidales, hay nodos. Nodos que enlazan unas redes con otras. Es una red distribuida:

Este gráfico, que el entramado ciberpunk hispano ha convertido casi en seña de identidad, es de uno de los padres de Internet, Paul Baran, y muestra con claridad la diferencia, para bien y para mal, según algunos, entre una red distribuida y otro tipo de redes. Internet no es una red distribuida por algún tipo de voluntad utopista, sino porque una red así, entre otras cosas, es más segura ante los ataques. Por favor, no vean en los puntos y en las líneas ordenadores y cables, piensen que detrás de cada punto hay personas y en cómo una red de este tipo afecta a nuestras relaciones personales, laborales, sociales… Una red distribuida es una red de puntos iguales, P2P. Las consecuencias sociales de una organización basada en redes distribuidas es uno de los temas de moda en los campos de la economía, la sociología y ha dado lugar a una nueva rama en ambas disciplinas: el análisis de redes sociales.
Ante la visión de una red distribuida surgen muchas preguntas ¿Cómo fluye la información? ¿Quién/qué la dirige? ¿Cómo se jerarquiza esa información o, en otras palabras, como se define un canon? ¿Qué parte de la red es centro y qué parte es periferia? ¿Qué puntos son más importantes que otros? Porque, como ven, mientras en las redes centralizadas y descentralizadas hay puntos que claramente dirigen la información y pueden, y ese es su poder fundamental, cortarla en un momento dado, no sucede así en una red distribuida. Son buenas preguntas, creo yo, cuya respuesta estamos experimentando diariamente, en nuestra cotidiana vida enredada: confusión por exceso de información, carencia de filtros claros y de jerarquías nítidas que no estén sujetas a cuestionamiento permanente…libertad… una red distribuida es un entorno movedizo, no cabe duda, cambiante, fluido, volviendo a repetir la imagen de V.L. Mora, pero que ofrece nuevas oportunidades.
Volvamos ahora a esas casi setenta millones de webs en que la poesía cumple algún rol. No está mal la cifra, seguramente sigue siendo un número reducido para las dimensiones de la Red, pero de cara al poeta, le indica algo muy importante: que existe una comunidad extensa de personas interesadas o activas en el ámbito de su actividad artística (o artesanal, como cada cual prefiera definirla). En una sala como la del Ateneo de la Laguna, una lectura de poemas puede atraer entre 30 y 50 personas, poquita gente, pero en la Red tu obra (escrita o leída) está a disposición de esas 30 de La Laguna, de esas otras 30 de Telde, de esas otras 30 de Sevilla… que en su ciudad son casi invisibles, pero que en Internet pueden llegar a constituir una comunidad de interés por la poesía lo suficientemente estimulante para que los poetas abandonen, siquiera por un tiempito, su condición plañidera. En la Red las minorías son inmensas.
Para la poesía, arte (o artesanía) minoritario, poco exigente con los recursos ( ¿Qué hace falta para hacer/crear/producir poesía?) la Red puede ser ese entorno propicio que tanto suelen echar en falta los poetas; un entorno, además, global o local o las dos cosas a la vez. Además, las tecnologías vinculadas a la red generan nuevos entornos, nuevos soportes: la pantalla del PC, la pantallita del móvil…que conllevan nuevas maneras de organizar el texto de presentar las palabras. Esta conexión entre nuevos soportes y nuevas formas de organización y presentación del texto ¿Influye, está influyendo, debería influir en la manera en que escribimos/producimos poesía?. Les dejo con Clemente Padin:
“La multimedia da lugar a múltiples lecturas que pueden dar lugar a transformaciones infinitas. Aparte de los ejes ya conocidos de la página bidimensional hay que sumarle el zoom (alejamiento-acercamiento), los hipertextos, la animación, la aplicación de otras dimensiones a la palabra (como el sonido p.e.), etc.”
Los nuevos medios que se articulan a través de Internet nos ofrecen, por un lado, una “masa crítica” de “público” (Las comillas aquí no son inocentes porque una de las cosas que la Red destruye definitivamente es el concepto de público como receptor pasivo) receptor y degustador del trabajo poético que rompe con el sentimiento tradicional de aislamiento del poeta y, por otro, un abanico casi inabarcable de oportunidades de experimentación, de territorios creativos por explorar, aprovechando las posibilidades que las nuevas interfaces, los nuevos soportes nos ofrecen.
Internet ha afectado de manera brutal a las maneras en que se difunde la música, el cine, la fotografía, a la manera en cómo se venden los libros… ¿no va a afectar a cómo se produce, distribuye, lee y escucha poesía? Esto es lo que trataremos de ir viendo en los puntos siguientes. Pero, de entrada, dejemos a un lado el soniquete quejumbroso.
Continuará…
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