Poesía en tiempo de redes 3: Un inciso ¿Y la poesía canaria?

Posted on Octubre 19, 2006

Bueno, ya saben, aquí tienen la intro del documento, y aquí el punto 1º. Vamos a por el punto 2.

Un inciso: ¿Y la poesía canaria?

Sin entrar en grandes disquisiciones, y a fin de ajustarme al entorno en que esta ponencia se desarrolla,el Congreso de Poesía Canaria, un par de cositas se me vienen a la cabeza en relación con los tópicos alrededor de la poesía isleña en particular, si la reubicamos en este mundo-red en que ya vivimos. La poesía canaria lleva decenios margullando alrededor de un concepto de identidad que confirme esa sensación de diferencia que siempre ha tenido respecto a la “corriente principal” de la poesía española. Con defensores y atacantes acérrimos, puede decirse que ha existido un cierto consenso sobre la identidad de la poesía canaria alrededor de las ideas de Balbuena Prat y de textos como el conocido de Pedro García Cabrera, “El hombre en función del paisaje”, revisadas agudamente por Jorge Rodríguez Padrón, dentro siempre del marco general de la poesía hispánica. Pero la identidad es un concepto que, si siempre ha sido conflictivo, en el mundo de las redes se ha vuelto líquido también, resbaladizo y, aún así, arrojadizo. Si cada cual tiene serias dudas para llegar a definirse individualmente, qué decir a la hora de fijar una identidad de algo como la poesía isleña.

La poesía canaria, de tener un sustento diferencial, no debería ser otro que la manera en que los isleños hablamos el español universal, nuestra variante autóctona, con sus múltiples giros, la riqueza dialectal, de expresiones propias, cómo suena la forma canaria del español; pero ésta sufre cada vez mayores presiones derivadas de la omnipresencia de medios de comunicación en que se emplea un español estándar y de, simplemente, del paso de una economía agrícola, pegada a la tierra y sus usos y tradiciones, a una economía urbana de servicios en relativamente poco tiempo. Sin embargo, aunque buena parte de las expresiones autóctonas y su carga de memoria se pierden de manera casi inevitable, hay algo que, de algún modo permanece y está vivo: la especial sonoridad o musicalidad, si se prefiere, de la manera de hablar canaria: el acento permanece, porque tal vez ese acento nos define. Y mientras hay acento, hay diferencia: Otra vez Eliot: “(…) un pueblo (como el irlandés angloparlante) que ha perdido su lengua materna puede conservar en ella una estructura, modismos, entonación y ritmo (el vocabulario tiene menos importancia) suficientes como para que su manera de hablar y escribir posea cualidades que la lengua de adopción no tiene en ningún otro lugar.”

El segundo factor diferencial no cabe duda que es la posición de “centro excéntrico” de la que habla Rodríguez Padrón al referirse a los poetas canarios a lo largo de la historia, desde el Renacimiento hasta la fecha, con dos momentos claves: la asimilación del modernismo y las vanguardias. Esa posición deriva en una visión diferente,insular, sobre el propio territorio y sobre el conjunto de la poesía en castellano en la que nos insertamos. Es una conciencia de habitar un cruce de caminos fronterizos.

En un mundo de redes distribuidas, la posición y la perspectiva cambian, pero no tienen porqué confundirse con otras. Lo interesante es que se puede pasar, simplemente, de una relación subordinada “centro-periferia” a una relación pareja “punto-punto”. Y la riqueza de la red es que desde cada punto se ven las cosas de manera diferente.

Se dirá que el acento y la perspectiva son escasas señas diferenciales, que el acento es apenas la melodía subterranea de un idioma, pero ¿Qué puede haber más importante que el ritmo, la sonoridad, en poesía? Cabe decir que la perspectiva, la visión, no es algo sólido, permanente en un mundo de cambios constantes, pero no se trata de lo que se ve, sino de la manera de ver. La cuestión es qué hacer con estas sutiles, flexibles diferencias en un mundo de redes.

La confrontación centro-periferia que, de alguna manera, subyace en todas las reflexiones sobre Canarias como territorio, y sobre su cultura, deja de tener el mismo sentido en una sociedad-red. En una red distribuida, cada punto articula su entramado de contactos y relaciones sabiendo, entre otras cosas, que no puede bloquear y ser bloqueada: la información que deje de recibir desde un punto, seguramente llegará a través de otro. Uno es su propio centro (si quiere serlo). El eje centro-periferia irá perdiendo peso, para pasar a una relación punto-punto, aunque aún nos afecte la vieja deriva.

La distancia física es un obstáculo físico, no digital: un autor isleño puede estar presente, sin moverse de Canarias, en debates y acontecimientos en cualquier otro lugar del mundo, y su obra también, una vez que está en Internet (Fíjense que solemos hablar de “estar” en Internet, como si fuese un espacio físico concreto, que pudiésemos pisar) donde la distancia no es relevante: estar aislado es lo difícil. Es casi un ejercicio de voluntad. El aislamiento, como elemento característico de la poesía insular, visto desde la Red, deja de tener sentido. Salvo que deseemos mantener el aislamiento por algún motivo difícil de explicar.

Un punto adquiere una mayor relevancia en una red distribuida en función del número de líneas que lo conecten a otros, en su condición de nodo, y para ser un nodo en una red de iguales, la capacidad de conversación, de interlocución, es fundamental: necesidad de apertura a otros idiomas, a otras visiones, a otras culturas. El ensimismamiento no es una opción. Esto supone reconstruir la identidad isleña (y su derivada poética) pasando de una condición aislada (ensimismada) a una nueva condición nodal, de la que pueden encontrarse brillantes precedentes en los mejores momentos de la poesía isleña. Balbuena y Rodríguez Padrón hablan de la tensión histórica del insular entre aislamiento y cosmopolitismo; y el último nos indica que, en los grandes momentos de cambio histórico, la literatura insular siempre ha optado por la apertura y atención al cambio, desde Cairasco a los surrealistas isleños. Pues creo que ahora estamos en uno de esos momentos. La poesía canaria, por la ubicación del territorio en que se desarrolla, por su tradición cosmopolita y portuaria, ajena al casticismo, abierta a las tendencias foráneas desde al menos el modernismo, y su mirada atenta, especialmente a Latinoamérica, puede configurarse como un nodo, una referencia para las diferentes orillas de la Lengua. Ya hay iniciativas (entre ellas algunas editoriales) en las islas que se atreven con estas posibilidades de Canarias como nodo.

En resumen, las señas que durante un tiempo nos han servido para construir una cierta consciencia de poesía canaria como algo diferente a la, digamos, poesía peninsular, no nos sirven como antes, y eso es natural porque la sociedad canaria también ha cambiado y basa sus diferencias respecto a la metrópoli en otros factores. Debemos, pues, reubicarnos con la sociedad en que vivimos.

Quiero decir, la red, y perdonen la expresión, bota a la basura buena parte de las excusas que los autores isleños hemos ido acumulando a lo largo de años de sentirnos en la ultraperiferia (como señala el crítico Daniel Barreto, un concepto que nos pone en el más allá en relación con un centro, si se interpreta en su sentido literal: si la periferia es el límite de un sistema, la ultraperiferia es lo que está más allá de ese límite) lejos de las zonas de influencia que determinan “el canon”. Es cuestión de decisión, de voluntad, de continuidad, y de disponer, como no, de obra defendible. Desde este espacio insular, pero interconectado y nodal podemos construir una presencia lo suficientemente rica y atractiva. También podemos seguir optando a publicar nuestros poemas a través de la miriada de concursos literarios irrelevantes que existen en la geografía española, de alguna colección con soporte institucional y distribución escasa, y asumiendo, al final, que la única “poesía realmente existente” es la publicada en cuatro editoriales peninsulares de distribución decente (este no es un número al azar, a mí se me vienen sólo cuatro, quizás cinco, a la cabeza) y publicitada en dos suplementos literarios (bueno, pongamos tres) de tirada nacional. Es cierto que una obra importante puede pasar desapercibida en medio de la inmensidad de esos 70 millones de webs, pero no es menos cierto que eso ya sucede con el sistema actual de edición de poesía en España, y lo sufren también poetas peninsulares alejados, periféricos respecto a los espacios en que se decide aquella “poesía realmente existente” de que hablaba .

La Red, desde mi punto de vista, es una aliada de Canarias, redefine su posición geográfica, y con ella la de los artistas, músicos, escritores, pintores, poetas, que habitan estas islas; es cosa nuestra si nos decidimos a hacer algo diferente, relevante, con las oportunidades que ofrece esta nueva posición.

faltan las notas, esta tarde las pongo …

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