Pura poesía en resistencia
Posted on Marzo 12, 2007
De lo poco que sé de poesía española reciente, uno de los fenómenos que más me ha
llamado la atención en los últimos tiempos es la reivindicación de la figura de Juan Ramón Jiménez por parte de poetas que, al menos aparentemente, parecieran estar en el otro lado del espectro poético, si asumieramos como inamovible la imagen “oficial” de jrj, como poeta “puro”, alejado de la realidad y de los conflictos de su tiempo, contrario a que los mismos “contaminasen” la escritura poética, y precursor pero enemigo de las vanguardias artísticas en en lo que a la poesía se refiere. Esa imagen que formaba parte de los libros de lengua y literatura con los que, al menos mi promoción, estudiamos.
Poetas como Jorge Riechmann o Antonio Orihuela han tratado de mostrar otro Juan Ramón, el que se mostraba ácido y crítico en textos como “El trabajo gustoso” frente a la manipulación política, planteando la poesía, tal vez, seguramente, de manera algo ingenua, como una zona autónoma para la libertad y la verdad, donde encontrar “al hombre hermano”, y capaz de lanzarse a poemas de un vuelo vanguardista como “Espacio”: “No soy presente sólo, sino fuga raudal de cabo a fin”, del hombre, que ajeno a las radicalidades enfrentadas a muerte, mantuvo hasta el final su compromiso republicano. A veces lo más difícil no es manifestarse de tal o cual manera con más o menos solemnidad, sino simplemente, estar a la altura de las circunstancias, y en ese, como en tantos sentidos (el rigor, el riesgo, la indagación poética…), jrj ejerce un magisterio silencioso.
El año pasado Galaxia Gutemberg reeditó Lírica de una Atlántida, volumen que recoge la obra de los últimos años de jrj, entre 1936 y 1954. En su prólogo de 1998, Alfonso Alegre Heitzman nos cuenta que buena parte de esa obra se mantuvo inédita en España hasta la primera edición de este libro en 1999. Así, la poesía española del siglo XX se permitió seguir viviendo sin conocer la obra de los años de madurez de su poeta fundador, tan ricamente.
Sumergirse en Lírica de una Atlántida te deja deshecho,para volverte a rearmar desde nuevas bases, deslumbrado. Juan Ramón crece o desciende, porque es un poeta vertical, de fondo y vuelo en un giro radical, que la edad, en lugar de embotar, estiliza hasta el máximo. El apéndice del libro incluye una sopresa: una versión de los dos primeros fragmentos de Espacio en versión versicular, que, personalmente, me gusta mucho y que permite reflexionar sobre la decisión final de jrj respecto a la forma de este poema crucial.
Para animarles a que si lo ven en una librería no se lo piensen, aquí les dejo dos poemas de Lírica de una Atlántida que han pasado a mi lista de imprescindibles. Leerlos es un ejercicio de salud en estos tiempos de griterío. Poemas de una pura poesía de resistencia, si me lo permiten, de resistencia contra la muerte, contra la tristeza y contra la dejadez, de resistencia en favor la vida. Ahí van:
Tú animal hembra, mujer mía
¿Cómo has podido tú, animal hembra, mjer mía, llegar a esa finura, llegar a que yo grite por ti en la orilla de la mar, por ti con sólo tus dos ojos que brillan verde lago interno con cielo; ¿cómo tú eres así del cielo, lo que yo he llamado cielo por ti?
¿Cómo del movimiento delicado de tu brazo, tu cuello, tu cintura has ondulado el hilo de mi órbita, hasta hacerme anhelar dar el traspiés que nos tiende en el plano último de la vida?.
A esta música cálida
Morir es no oir más esta música cálida que está sonando ahora; no oirla de la mano del amor. Es no oir más la mar esta que suena con la música, el silencio que escucha, de la luna; no oirlos de la mano del callar.
No oir más lo que clama el dolor con el amor, lo que grita el amor con el dolor, a esta música cálida que ahora está sonando sobre el son de las olas de la mar, son de las olas de la mar, las olas de la mar, de la mar.
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