Roald Hoffman

Posted on Enero 2, 2007

Bueno, mi gente, espero que hayan tenido una feliz entrada de año, preludio de un magnífico 2007. Realmente yo identifico más el cambio de ciclo anual con el fin de las vacaciones de verano. Sigo funcionando con el año académico (o el judicial,je) más que con el año natural, pero he decidido que hay que entrar fuerte en el 2007 a pesar de las deprimentes noticias que cierran el 2006. Así qué,vamos para allá, que no nos marquen la agenda más de lo conveniente.

Roald Hoffmann es un descubrimiento que debo a una reciente visita de Carlos. Hoffmann es un poeta científico, o científico poeta, Premio Nobel de Química en 1981, compartido con Kenichi Fukui, por sus investigaciones sobre lo que él llama “teoría química aplicada”, en concreto por “por sus teorías, desarrolladas de forma independiente, sobre el comportamiento de las reacciones químicas”, ha desarrollado una densa obra poética, de la que pueden verse muestras en español en la web sobre ciencia y poesía que mantiene el proyecto MADRI+D. Pueden encontrar aquí una interesante entrevista en español a Hoffmann, y una breve autobiografía (en inglés) donde, entre otras cosas cuenta su aproximación e inmersión en la poesía y dice cosas tan interesantes como estas:

“El lenguaje de la ciencia es un lenguaje bajo presión. Las palabras han sido hechas para describir cosas que parecen no describibles en palabras -ecuaciones, estructuras químicas y demás. Las palabras no, no pueden alcanzar todo lo significante, pero son todo lo que tenemos para describir experiencias. Al ser un lenguaje natural en tensión, el lenguaje científico es inherentemente poético. Hay montones de metáforas en la ciencia.”

He versioneado tres poemas de Hoffmann, a ver qué les parecen…

FLUORITA (versión original)

Preguntado por mis hobbies

dije: “coleccionar minerales”

y me paré a pensarlo.

“Los minerales en su matriz

son los que me gustan más”.

.

La fluorita viste ropajes distintos.

Incolora si es pura, color vodka

en la piedra. Más comunmente

muestra matices de rosa a azul,

amarillo a veces. Tengo un especimen

encastrado en cubos de pulgadas de tamaño,

superpuesto, interpenetrado,

marcado en todas sus facetas.

Los cubos son de una oscuridad tangible,

difusa negrura, textura

más oscura que el negro.

Sólida y fragil a la vez, cuando

las muestras a la incandescencia de la luz, la

oscuridad depositada en esta ordenada

forma atómica hace un millón de años

permite que algunos rayos la atraviesen

pero sólo por los delgados bordes

de un violeta siniestro.

.

Golpeados con cincel y y un mazo

sin dudar los cubos se abren

y surgen octaedros.

Lo he visto hacer, pero mis manos tiemblan.

Sé porque se abre, también, pero

¿Porqué destruir lo que se tomó

siglos en crecer, descansando

en la tierra por milienos,

en una cavidad, en una fría fisura en la roca?

.

Extraño cristal.

Si hubiera un fotógrafo marciano

que la ampliara para revelar cada

regularidad poliédrica

podría pensar

en una inteligencia trabajando. Pero

el único trabajo aquí, y gratuito,

es de la entropía.

.

DE INTERÉS ESCATOLÓGICO (versión original)

Asistí una vez a un congreso científico

en Maynooth, el Seminario Pontifico de Irlanda.

Los ponentes invitados

fuimos alojados en las habitaciones de los obispos, mientras

los demás asistentes

se quedaban donde vivían los seminaristas.

La diferencia era

que las habitaciones de obispo

eran dos veces mayores,

tenían dos hogares

alimentados con ladrillos de compost apilados

como cartones de huevos canelos

en la entrada.

Y difíciles de prender.

Era un abril irlandés,

tuve que poner más ladrillos en los fuegos

dos veces cada noche.

Siempre quise ver el cuarto de baño de un obispo.

Irlanda, probablemente, tiene un montón de obispos,

porque teníamos ese piso completo

y un enorme aseo comunal.

Estaba oscuro, una especie de laberinto con divisiones de marmol

que llegaban al nivel de la vista,

cabezales de ducha asomando por encima

como metálicos girasoles grises.

Así podías ver a tus colegas obispos

de pie

pero no sentados.

El laberinto estaba hecho de cubículos,

cada uno con su puerta a un baño y un aseo.

Algunas de las puertas se perdieron.

Entré en un cubículo, mirando

si había algún gancho

para colgar la sotana.

Traté de imaginar

el sonido

.
HOMBRES Y MOLÉCULAS (versión original)

Volátiles grupos de metilos

azotados en un inarmónico movimiento sin fin.

Una molécula flota

dispersando su funcionalidad,

esparciendo sus centros reactivos.

.

No toda colisión

ni toda puntillosa trayectoria

por la que complejas bolas de billar

llegan a sus calculados puntos de contacto

lleva a una reacción.

La mayoría de los encuentros terminan

en un golpe lateral sin consecuencias.

Un intercambio de impulsos,

una mera deflección.

.

Y así nos sucede a nosotros.

El choque debe ser el correcto y

destellar de concentrada penetración.

El entorno cuenta.

Un suave roce de mohair

o el contacto de una mano.

Una brisa perfumada.

.

Hombres (y mujeres) no son

tan diferentes de las moléculas

como piensan.

» Filed Under Citas

Comments

Leave a Reply