Segundo concepto: la mirada

Posted on Mayo 24, 2007

Sigo con la crónica de esos conceptos, ideas,o lo que demonios sean, a las que les ando dando vueltas en relación con la poesía y su escritura, que empecé unos días con una entrada dedicada a la desazón.

Hace un tiempo conté mi visita a la Fundación César Manrique, antigua casa del artista lanzaroteño. La casa está en medio de una colada de lava, un remalpaís dentro de un malpaís, piedra retorcida y polvo negro, herencia de la historia volcánica de Lanzarote, sobre el que sobreviven humildes cardones. La mirada de César fue capaz de encontrar belleza donde otros sólo veían entonces un erial y ahora un solar potencial, y desvelar esa belleza al mundo, razón por la cual miles de personas visitan Lanzarote y viven la experiencia de ver la isla con la mirada de Manrique. La mirada. La mirada.

Decía en aquella entrada que si es la manera de mirar lo que define al artista, y arte la forma de presentar lo que ve, la poesía tal vez sea una especie de sonido de esa mirada atenta y alternativa. Una mirada sonora.

Dónde el artista descansa, o mejor, hace trabajar su mirada, es una opción radicalmente personal y, por tanto, política. El poeta o el artista, al mirar y mostrar qué mira, hace una elección, tanto cuando desvela como cuando oculta. Eso lo supo César y defender su mirada y su manera de mirar la isla le llevó a enfrentarse con siniestros poderes locales, que sólo veían la curva de sus ascendentes ingresos privados. Cuando uno mira, elige.

Otra muestra de esto me la reveló en una breve conversación el crítico Daniel Barreto cuando, con su agudeza (habilidad de una mirada) habitual, comparaba el texto de Enrique Falcón: “No doblar las rodillas”, con los diarios/dietarios poético-literarios de otros autores cuyo tiempo es el mismo que el que cuenta Falcón, pero aparentemente vivido en otra dimensión no afecta por la historia. Diferentes miradas, diferentes elecciones.

Pero no es sólo qué miramos, sino cómo miramos, cómo desvelamos la belleza o la tensión oculta detrás de la realidad, de las cosas y las personas concretas, porque, al menos en poesía, a la mirada no le queda más remedio que ser concreta si quiere ser verdadera. Otros habrán de dibujar la panorámica: sociólgos, historiadores, qué se yo, pero la poesía se nutre de lo concreto. En este sentido, un poeta opera, o debería operar como un científico. Pound: “Considera el estilo del científico antes que el estilo del agente de anuncios sobre un nuevo jabón.”

Y desde donde se mira: desde la cercanía, desde la complicidad humana (eso llamado solidaridad), o desde lejos, marcando distancias consciente o inconscientemente. Cercanía y distancia son dos maneras de mirar, y hay cosas que adquieren toda su dimensión mirando de lejos (una frontera, por ejemplo) y otras que sólo se ven bien desde cerca, o desde muy cerca. Un ejercicio: lean sucesivamente los poemas del libro “Marginados” de Luis Antonio de Villena, y alguno de los poemarios de David González. La mirada, seguramente bienintencionada de de Villena, sobre (y este es un adverbio de lugar ¿no?) las personas expulsadas a los márgenes de nuestra sociedad es, aunque cariñosa, distante, y cosifica, seguramente sin querer, a los supuestos protagonistas de los poemas; el poema resultante suena falso, impostado en el esfuerzo. La mirada de González sobre el mismo mundo es radicalmente diferente, canta desde (otro adverbio de lugar) un conocimiento profundo del dolor de las personas que habitan sus poemas, a las que se siente vivas, y dignas, a pesar de sus circunstancias vitales.

Todo es un asunto de mirada…y de atención, como dice Don José Viñals: “¡Alerta, compañero! El estado de alerta es el prerequisito de la percepción. Si el centinela se duerme entran a saco los depredadores de la percepción originaria”.

» Filed Under islas

Comments

Leave a Reply