Si no lo digo…
Posted on Mayo 23, 2006
reviento. Y le llevo dando vueltas desde el domingo pasado, tras leer una columna de Manuel Rivas en El País, titulada “Jóvenes wiki“ en el que comentaba su hartazgo respecto a los mensajes que llevan tiempo aposentandose en los discursos de veteranos “progres” sobre los jóvenes actuales y sobre los espacios en que se desenvuelven:botellones, internet…
Y es verdad, ya se sabe: los jóvenes de ahora no luchan como “luchábamos” nosotros (es curioso, yo recuerdo muchas manis y concentraciones donde no éramos más de 50, por no hablar de reuniones de tres, y ahora resulta que participaba una multitud invisible), nosotros sí sabíamos divertirnos, no toda la noche tirados bebiendo (claro, el consumo de alcohol a lo bestia va a resultar ahora que es una tradición importada de la recién nacida república de Montenegro), nosotros teníamos una educación, no esto de la LOGSE que es de pena (sin minusvalorar las dificultades y carencias de la educación pública en España, a veces parece que los que estudiamos aquel BUP éramos todos candidatos al Nóbel…). Y de internet, qué vamos a decir: nada más que mandándose mensajitos escritos en zulú y pirateando música y enganchados a los blogs y, encima, ¡¡¡hay ciberfachas!!!
Como Rivas apunta, hay muchas más cosas en los jóvenes actuales, y en Internet. la actitud de algunos supuestos progresistas ante la existencia de las bitácoras es sumamente llamativa, como si les diera rabia perder el monopolio de la expresión pública. Y, sí, hay ciberfachas, y ciberrojos, y ciberrosas y cibergentes que se niegan a ser clasificados en un modelo tan pobremente plano y bidimensional…
La reacción frente a las redes p2p y el fenómeno tan sugerente alrededor de algo como compartir lo que se tiene para que todos tengamos más, es conocida: constituirse en un feroz lobby que atosiga ministros y persigue ciudadanos hasta en sus bodas, bautizos y comuniones. Menos mal que nos queda alguno que sabe poner a según quien en su sitio…A mí compartir, romper el monopolio de la expresión, me parecen a simple vista, igual soy muy burro, valores de progreso.
Y, claro, esta juventud tan poco preparada… tan inane, resulta que es que no se fía de las estructuras tradicionales: partidos, sindicatos, iglesia (creo recordar que en la última encuesta sobre estas cosas que se difundió en la prensa la iglesia tenía menos credibilidad entre los jóvenes que los políticos, eso se comenta solo…). Pues va a resultar que igual son más listos que los de las generaciones anteriores (aunque parece que es como si hace quince años todo el mundo andaba militando en algo… no es el recuerdo que tengo yo, igual es el alzheimer) y llegan a acertadas conclusiones con más velocidad que las quintas anteriores.
Se dice que tienen falta de perspectivas, de criterios, que están desorientados, y seguro que eso sí es cierto, pero resulta que me temo que eso lo comparten con el resto de la sociedad, salvo con aquellos que lo tienen todo tan claro siempre.Yo, a mis 42 tacos tengo la sensación de que me alimento de descertezas todos los días, pero dudar no es sinónimo de estarse quieto, lo es más bien de rechazar cualquier argumento de autoridad venga disfrazado de lo que venga.
Debido a mi trabajo pasan ante mí jóvenes muy cualificados, escasamente cualificados, activos, pasivos, listos, tontos. Desde los refugios que los que rondamos los 40 nos hemos ido construyendo, no estamos en condiciones de emitir juicios. Será que cada uno se fija en lo que quiere, pero yo descubro jóvenes que se enbarcan en iniciativas emprendedoras en vez de optar por un casi imposible ahora puesto en alguna administración, a jóvenes que luchan por defender su modelo de vida y se lo curran metro a metro…
Igual es eso, un problema de mirada. Igual deberíamos limpiar las gafas un poquito…
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Siempre me llamó la atención esa envida que nos quisieron inculcar los de la generación anterior con eso de qué buenos fueron los setenta y la primera mitad de los ochenta. ¡Qué manifestaciones aquellas! ¡Qué asambleas!. Y sentía muchas veces en las manifestaciones que nosotros no éramos nosotros. Éramos una mala copia, un simulacro de lo que una vez fue.
Uy, Lobo, las neblinosas calles de La Laguna, tan abundantes en fantasmas, algunos de los cuales han pillado plaza en la alta institución docente. Mira, yo estaba en el MOC (Movimiento de Objeción de Conciencia) que era uno de los grupos que más se movía, especialmente fuera del entorno universitario, y pizco arriba pizco abao siempre éramos los mismos/as. Y si en algunas convocatorias de manis se hubiera dividido los asistentes por el número de organizaciones convocantes hubiera dado resultados tipo 0′76 personas por grupo o grupúsculo. No se me entienda mal. No quiero ridiculizar a los que éramos jovencitos en los 80 (por la cuenta que me trae) que nos movíamos en unas circunstancias que tampoco eran fáciles en absoluto, pero ya vale de “cualquiera tiempo pasado…” Esa copla también tuivimos que oírsela nosotros a nuestros “mayores”.