“Singularidades” de Vicente Luis Mora

Posted on Julio 5, 2006

Me he pasado el fin de semana enfrascado en la lectura de “Singularidades. Ética y poética de la literatura española actual”, de Vicente Luis Mora, poeta y crítico cuya bitácora he enlazado en varias ocasiones, y del que he colgado algún poema. Vicente pertenece al escasito grupo de poetas españoles cuya curiosidad desborda las fronteras de su ombligo, y es capaz de asumir riesgos como el de lanzar una piedra de este peso al charco de la poesía española, del que había desaparecido, en los últimos tiempos, hasta la natural y siempre sana tensión generacional entre asentados y advenedizos. Esto no es ni una reseña, apenas una nota y una invitación a la lectura crítica.

Seguramente “Singularidades” exige una lectura más pausada, más asentada, que la que le he dado yo en este fin de semana, pero es que me lo he pasado muy bien con este libro, que considero, ya, de lectura casi obligada para poetas jóvenes que deseen hacer algo más que genuflexionarse ante la autoridad más o menos competente.

Vicente dedica la primera parte del libro a analizar la situación de la poesía española actual en lo que respecta a sus tendencias dominantes en los últimos veintitantos años, desde una perspectiva muy crítica, y en ocasiones simplemente corrosiva. Su descripción del predominio en la poesía peninsular de lo que llama la “Poesía de la normalidad” es demoledora, en línea con el ya clásico ensayo “Poesía y poder” del colectivo “Alicia bajo cero” , que cita en ocasiones, pero, si bien “Alicia Bajo Cero” incidía en una lectura política del predominio de la llamada “poesía de la experiencia” como trasunto estético de un proceso político concreto, con sus trampas y sus basuras que ocultar: la “normalización” (homologación por la vía del silencio) de la sociedad y la economía españolas, llamada también “transición”, Mora hace especial hincapié en las carencias que la tradición poética peninsular arrastra desde el siglo XIX: la no existencia de un romanticismo del tipo alemán o inglés con la reflexión sobre el hecho poético que conllevaron, la no asimilación de las vanguardias históricas, consideradas como un accidente o una excrecencia, y la ignorancia voluntaria y decidida de la revolución de las ciencias durante el pasado siglo XX y que afecta, o debería afectar a nuestra manera de relacionarnos de ver y expresar nuestro entorno. Yo añadiría a ese cóctel paralizador una cierta tendencia al ensimismamiento y al casticismo, que ha hecho a la poesía peninsular refractaria a los logros de la poesía latinoamericana, que se ignoran o se tratan de ningunear lo que lleva a tardíos descubrimientos del Mediterráneo.

Dedica también un denso apartado a lo que llama “supuesta poesía metafísica”, desmontándola como etiqueta, y abriendo camino hacia las escrituras de poetas que, sin un paraguas, han tratado de reflexionar desde la poesía sobre sí misma y sobre su capacidad de afrontar, transformar el mundo: “en una línea que llevaría de las revoluciones de Huidobro y Vallejo a la verticalidad de Juarroz, pasando por los experimentos concretistas, la radical experiencia expresiva de Hugo Mújica, algunas tentativas más allá del papel de Fernando Millán, la última parte de la obra de Gamoneda y la indispensable Nervadura (1985) de Eduardo Milán”. Latinoamérica, otra vez, como referencia ineludible.

Los capítulos dedicados a la poesía contemporánea joven, tanto el así titulado, como el dedicado a la “industria” de las antología y la angustia por ser y estar de muchos poetas jóvenes (y no tan jóvenes, añado yo), deberían, digo otra vez, ser lectura obligatoria para todo poeta joven. Sus reflexiones alrededor del concepto de “poética”, y de su exigencia, me parecen muy estimulantes, en el sentido literal del término: estimulan, animan, empujan a reflexionar sobre el trabajo propio, sobre los procesos que consciente o inconscientemente se tienden a ocultar a la hora de afrontar la escritura, tal vez a cambiar…

En la segunda parte del libro, Mora deja la panorámica y se centra, precisamente, en las singularidades, en poetas y narradores cuya obra considera referencial precisamente por esa condición singular dentro de un magma “normalizado”, y empieza realizando un ejercicio poco habitual y que es de agradecer: presenta su método, su programa crítico, su “poética crítica”. Este ejercicio de honradez debería ser obligatorio. Eché de menos aquí alguna referencia a la construcción del concepto de “calidad”, alrededor del que giran tantos debates. Seguir con aprovechamiento esta parte, exige del lector conocer las obras alrededor de las que trabaja Mora, lo que, en mi caso se da con algunas sí y otras no, tal vez por eso me haya resultado especialmente atractivo el capítulo dedicado a la poesía de Jorge Riechmann y a su proceso evolutivo de poesía-pensamiento, que me ha descubierto la necesidad de volver a los poemas de Jorge acompañado ahora de nuevas perspectivas.

Habrá que volver sobre “Singularidades” tras una segunda lectura más asentada; algunas de sus consideraciones son claramente polémicas, discutibles e, incluso, chocantes, como las que realiza sobre Cernuda o Kafka, pero centrarse en esos aspectos marginales del libro para proceder a su descalificación completa no me parece acertado. Creo que Vicente Luis Mora ha escrito un libro de crítica literaria, ameno, primer valor, donde defiende con soltura sus posiciones, y, muy importante, donde expone un programa, que debería ser la almendra alrededor de la que girase el debate que Mora trata de provocar.

Bueno, este fin de semana también fui a la playa y tuve a Shakira en el barrio… pero esa es otra historia…. ;)

» Filed Under Sobre otros cercanos, islas

Comments

Leave a Reply