Termópilas
Posted on Marzo 22, 2007
Parece que está a punto de estrenarse 300, película basada en el cómic del mismo nombre
de Frank Miller. Hace poco pude echarle un ojo a ese cómic, que muestra a un Miller en toda su grandeza como dibujante y narrador de historias gráficas. 300 cuenta, de una manera un tanto peculiar, la historia de la batalla de las Termópilas (lean este enlace, que merece la pena) , donde una pequeña tropa de espartanos y otros griegos contuvo durante varios días al ejército imperial persa, favoreciendo así que la defensa griega fuese capaz de impedir la invasión. Si bien, como digo, el Miller dibujante es increible, el discurso que subyace en el lujoso tebeo es de una estilizada hiperviolencia que decora un mensaje de tintes racistas (ese Jerjes negro -sí, sí… un emperador persa, nacido en una de las supuestas cunas de la supuesta raza aria, negro!!-, desnudo y lleno de cadenas y piercings como un gogó de un afterhours ) y militaristas… Estas cosas que nadie llama “arte político”, ya sabemos que los “políticos” somos los demás, nunca ellos.
Parece que la película ha tratado de ajustarse al milímetro, con actores humanos, no dibus, y alta tecnología, a la estética del cómic, casi viñeta a viñeta, así que, seguramente, será un espectáculo visual tremendo adornando el mismo discurso coincidentemente sospechoso en su coincidencia con el conflicto USA-iraní. Hay a quien le gusta mucho Esparta, yo me siento más ateniense…o hasta helenístico si se tercia.
Bueno, toda esta disgresión… viene a cuento de un poema, no podía ser de otra manera. Un poema de Raymond Carver que se me vino a la cabeza al golpe de la publicidad televisiva de 300. Para mí, es uno de eso poemas que muestran, en un puñado de versos, lo que la poesía es como arte capaz de atravesar la vida:
TERMÓPILAS
De vuelta al hotel, al contemplar cómo se suelta, luego cepilla
su pelo rojizo delante de la ventana, sumida en privados
pensamientos, con los ojos en otra parte, por alguna razón
recuerdo a aquellos lacedemonios de los que escribió Herodoto,
cuyo deber era defender las Puertas frenta al ejército persa.
Y las defendieron. Durante cuatro días. Antes, sin embargo,
ante la incredulidad de los ojos del propio Jerjes, los soldados
griegos se sentaron como despreocupados, en la parte de fuera
del cercado hecho de troncos cortados, peinando y repeinando
sus largos cabellos, como si se sólo se tratara de otro día de
una campaña que, por otra parte, carecía de importancia.
Cuando Jerjes exigió conocer el significado de aquellos actos
le dijeron: Cuando estos hombres van a perder la vida
antes quieren que sus cabezas estén bellas.
Ella deja su peine de mango de hueso y se acerca todavía
más a la ventana y a la decreciente luz de la tarde. Algo, un
movimiento y un crujido llega desde abajo y ha atraido
su atención. Una mirada, y se desentiende de ello.
Traducción de Mariano Antolín Rato
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