Territorio calcinado
Posted on Enero 17, 2008
Recibí un encargo de un semanario peninsular para hablar de Juan Gelman; el encargo venía acompañado de serias limitaciones de espacio, naturales, por otra parte… pero es que hablar “poquito” de Gelman y su poesía me cuesta, la verdad. Creo que ni tras el esfuerzo de concisión que he realizado quedo en dentro de los límites…
Bueno, en todo caso, aquí está. Creo que pese (o tal vez gracias, nunca se sabe) a la brevedad del texto, se recogen las líneas claves, al menos para mí, de su obra. Las entrevistas a que hago referencia pueden consultarse en esta magnífica web sobre el poeta argentino.
“La poesía es lenguaje calcinado y su palabra se alza desde esas calcinaciones que algunos llaman silencio y, sin embargo, todavía se retuercen y aún crepitan. En la poesía se escuchan los silencios. Y eso es también la realidad del hombre”. Palabras de Juan Gelman, poeta, periodista, reciente Premio Cervantes. Nacido en 1930 en un barrio popular de Buenos Aires, y único argentino nato de una familia de emigrantes ucranianos, Gelman es uno de los poetas vivos más importantes de la lengua española, explorador y renovador continuo de las posibilidades del lenguaje, desde la oralidad rioplantense, que incorporó a su poesía, hasta alcanzar, a través de su relectura de los místicos castellanos y de la tradición exiliar judía, una escritura cada vez más depurada, más calcinada, en sus propias palabras.
La vida de Juan Gelman se ha visto dramáticamente marcada por la violencia social y política de los años 70 -80 en Latinoamérica. Gelman fue un destacado militante de de la izquierda argentina que se articuló alrededor del llamado movimiento montonero. La matanza de la dictadura militar del 76, le alcanzó en las personas de su hijo y nuera, desaparecidos, de su nieta, víctima del infame tráfico de niños vinculado a la represión, y le forzó a un exilio que determinó su escritura radicalmente. Tras discrepancias muy duras con la dirigencia montonera, cada vez más militarista, llegó a estar condenado a muerte a la vez por la Triple A y por Montoneros. “Yo era una especie de happy hour para la condena a muerte”, cuenta en una entrevista. Actualmente vive en Mexico, donde sigue ejerciendo como periodista y poeta.
En sus primeras obras Gelman es capaz de integrar el lenguaje del tango, y la expresividad callejera bonaerense en sus poemas, uno de sus poemarios más importantes de aquel tiempo se titula Gotan (1962), anagrama de la ciudad, sus habitantes y su música. “Yo era un muchacho de extracción muy popular, un muchacho de barrio (…) incorporé el tango críticamente pero de una manera natural, no intelectualmente preconcebida”. Sydney West, Yamakuchi Ando, Julio Grecco, John Wendell, son otros nombres del poeta que le permitieron salir de lo que llamó “un período enclaustrado en lo íntimo. La intimidad es parte de la subjetividad, pero no toda la subjetividad.”Cólera Buey ( 1965)es el libro de referencia de esta fase de la poesía gelmaniana:“Lo que hago no es una poesía conversacional, más bien, me planteo en qué medida el lenguaje corriente puede producir un temblor poético.”
A raíz de la dramática experiencia de la pérdida y el exilio, Gelman empieza a trabajar alrededor de otras voces extrañadas, como Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, los poetas místicos españoles (Citas y comentarios, 1982), y de la inmensa experiencia del exilio que supone la tradición judía (Com-posiciones, 1987). Sus poemas se tensan, los versos marcados por líneas, cortes en el papel, la reflexión se ahonda alrededor de la ausencia de los seres amados y los compañeros caídos (Sí, dulcemente, 1980, Anunciaciones, 1988 ), del extrañamiento del país natal, de la derrota (Bajo la lluvia ajena -notas al pie de una derrota- 1983), de la pérdida como experiencia raigal Carta a mi madre, 1989). En este tiempo, cada poemario es un paso hacia una expresión capaz a la vez de la mayor tensión y la mayor ternura, siendo quizás Salarios del impío 1993) y Dibaxu (1994), poemas escritos en sefardí, donde alcance, en mi opinión, su cenit.
La poesía de Gelman se aparece como el resultado artístico de una ternura resistente, capaz de afrontar los dolores anejos a la vida, la “ausencia presente de lo perdido”: “La poesía”, deja dicho, “es resistencia frente a un mundo que se vuelve cada vez más cruel, cada vez más terrible, deshumanizante, porque todo lo que pasa no está fuera de lo humano, y creo que la palabra es una forma de resistencia muy clara frente a todo esto. Por supuesto que hay muchas otras. Lo extraordinario es cómo la poesía pese a todo, a las catástrofes de todo tipo, humanas, naturales, viene del fondo de los siglos y sigue existiendo. Ese es un gran consuelo para mí. Va a seguir existiendo hasta que el mundo se acabe si es que se acaba alguna vez.”
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