Tú quien eres tú
Posted on Noviembre 2, 2007
Un segundo antes de empezar a escribir esta entrada estuve a punto de titularla “el otro Antonio Orihuela“, con la misma rapidez me di cuenta de que eso era un error, una simpleza.
Antonio Orihuela es un poeta conocido no sólo por su prolífica obra poética y gráfica sino también por su activa presencia como dinamizador cultural y activista político, cosa que en el caso de Antonio - y en cualquier otro, sólo que en este caso se es muy consciente de ello - es hablar de lo mismo. Orihuela no sólo no rehuye, sino que afronta gustoso la dimensión política de su obra, que se expresa con una claridad deliberada, tratando de evitar dos cuestiones que, creo, le irritan profundamente: la ambiguedad y el ensimismamiento.
Para mí, los poemas “de combate” de Orihuela suelen caracterizarse por dos elementos: una claridad afilada, de versos cortantes, ácidos -no sé explicarlo mejor- y una actitud, una voluntad conversacional; no me refiero a ese tono tan de moda hace un tiempo entre los autores de la llamada “poesía de la experiencia”, que utilizan un figurado diálogo para lanzar sus mas o menos profundas sentenciosidades, sino a que los poemas de Antonio están escritos dirigidos a alguien del que se espera una reacción, al que se le pone el panorama sobre la mesa y le pregunta “y tú, ¿qué tienes que decir de esto?” Esta impresión me la acrecentó ver a Orihuela leyendo sus poemas: mira al público, le señala con el dedo, le interperla, casi se le ven las ganas de hacerlo de uno en uno…
Todo esta introducción viene al caso de haberme leído, con un poco de retraso, OK, Tú quién eres tú, libro publicado en la colección Atlántica de poesía durante 2006, y que, adelanto, me parece el mejor poemario de los que he leido de Antonio Orihuela, esto siempre a la espera de echarle un ojo a sus últimos libros: Durruti en Budilandia y Que el fuego recuerde nuestros nombres. Ya les digo, estamos ante un poeta con un ritmo productivo difícil de seguir…
Pero a lo que vamos, En Tú quién eres tú Antonio Orihuela afronta una conversación diferente a lo que es habitual en la mayor parte de su obra; es una conversación sobre temores, dolores y placeres íntimos: el amor, el dolor físico, el paso del tiempo, las pérdidas… pero afrontada con la misma claridad afilada con la que desarrolla su poesía de contenido expresamente político, con la misma tensión.
No es la primera vez que Orihuela trata estos temas, claro está, poemas de amor y de desazón aparecen en sus poemarios más militantes, o componen mayoritariamente obras como “Narración de la llovizna”, pero cuando los leía me daba la sensación de que el poeta se ablandaba y le salían poemas blandos, carentes de la potencia de sus poemas más expresamente combativos, y tengo que decir que no es así en Tú quien eres tú. Creo que en esta ocasión Antonio ha sido capaz de tocar estos temas sin perder el filo de su expresión poética, sin perder tensión en un esfuerzo de concentración expresiva y que le ha salido una obra llena de poemas que hieren como balazos.
Empezando por el final, el poema de cierre, un kaiku desolador:
moras silvestres
en la vía muerta
resume el tono del poemario, una tensión permanente entre un sentimiento de cierre, de derrota, y la rebeldía que como una mata de zarza se agarra al muro más reseco para dar frutos pequeños tal vez, y ácidos a la vez que dulces. Tensión más claramente expresada en este poema tremendo:
En esta hora
confirmo mi hundimiento.
.
Ahogado
en esta hora,
cuando me levanto.
Creo que en Tú quién eres tú estan los poemas de amor más hermosos que puedan encontrarse en la extensa obra de Orihuela; hay uno, en concreto, que me dejó sin palabras:
Pero tú te duermes, llega la noche
y la fatiga
y te rindes
y te duermes,
.
y en la fatiga, tu rendición y tu sueño,
hallo que este extraño mundo es verdad,
que las estrellas de ahí fuera son verdad,
.
y el verde
y el violeta
y la fresca hierba
son verdad,
.
y en sueños me acerco a ti para que lo sepas,
tú que sabes de tantas certezas,
yo que, entonces,
a oscuras, a tu ladfo,
cierro los ojos
y empiezo a enteder
que eres tú quién da forma a mi vida
que dependemos por completo del amor.
desarmante… como este otro sobre lo irretenible:
Hay perros en mis ojos,
dan mordiscos a los besos fríos,
extienden la lengua,
.
inútilmente,
.
.
hasta las sombras.
(Creo que este poema gana si leemos en dialectal canario “besos” como sinónimo de labios, puestos a morder, dejar señas en la carne).
El poemario se mueve entre la percepción de la naturaleza como testigo de nuestra historia personal, el amor como refugio y asidero, y va avanzando hasta su tercera parte titulada, no por nada, “Las hojas secas”, en unos poemas cada vez más desnudos, más desarmados. Y ahí, en ese páramo de tiempo y naturaleza y sociedad en proceso de disolución, Antonio nos dice que nada está perdido mientras un fanal alumbre con su luz modesta, en los tres versos finales de “El guerrero del fanal”: En el siglo de los cuerpos, / con barro amarillo en las manos, / anuncio la ciudad de los hermanos.
Por uno de esos enlaces misteriosos de la memoria, se me vino a la boca esa canción de Paez que empieza “quien dijo que todo está perdido / yo vengo a ofrecer mi corazón.” Creo que en Tú quien eres tú, Antonio Orihuela se nos ofrece desde su más raigal honestidad, y que una lectura de este poemario permite valorar de otra manera la intensidad de sus poemas de combate, porque muestran a una persona que duda y lucha, sufre y lucha, que no es un discurso, sino una vida en pie de resistencia, como las ácidas zarzamoras de su poema final.
Tú quien eres tú lo pueden conseguir aquí.
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