Una lápida para Ché Guevara

Posted on Octubre 6, 2006

Este es un poema de Tatuajes en otra tinta azul. Tiene su raiz hace unos años, cuando el gobierno cubano inició gestiones para recuperar el cadaver de Ernesto Guevara, para darle “revolucionaria sepultura” en Cuba, al mismo tiempo que el boliviano trataba de identificar sus restos para darle “cristiana sepultura”. El poema juega con una posible confusión entre sus huesos y los de una más anónima de las miles de víctimas de la barbarie de la represión militar en Latinoamérica durante los 70 y 80, una manera, por otra parte, de buscar la persona tras el manoseado icono. Más tarde descubrí (CSI) que con las pruebas de ADN, uno no puede esconderse ni después de muerto.

Este poema tiene una dedicatoria, a una compañera, Rosy Zabala, que ya no está con nosotros. Creo que le hubiera gustado a ella, que recorrió Latinoamérica en moto y a lo loco en aquellos años, como tuve la ocasión de escucharle contar en Perpignan.

Una lápida para Che Guevara

Con todos los honores se enterraron
los muy buscados huesos de Ernesto
Guevara de maestro Pancho Ramos
cuyos restos no buscaron soldaditos
de Bolivia los soldaditos bolivianos
pala al hombro rifle en mano
pero después de veinte años en fosa
común quien sabe de la pertenencia
de esa mandíbula rota de un balazo
de esos huesos partidos a culatazos
durante el interrogatorio no he visto
a muchachos por La Higuera no he
visto a nadie por dios bendecido no
vio a nadie porque no quiso mirar
con ojos militares porque no quiso
hablar con lengua arrendada y
finalmente botaron su cuerpo a la
fosa sin nombre donde recuerda
el carnicero que enterraron a Ché
después de ultimado ¿Y si no son
si esos restos descabalados no son
de Ché Guevara eh quien lo dice?
hace ya tiempo se ocuparon de no
dejar testigos ni bocas ni miradas
ni una señal escondida que buscar.
Así que allí yace Pancho Ramos
entre inciensos rezados o marchas
militares y Ernesto hecho tierra
lo agradece.

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