Una lápida para Ché Guevara
Posted on Octubre 8, 2007
Con todos los honores se enterraron
los muy buscados huesos de Ernesto
Guevara de maestro Pancho Ramos
cuyos restos no buscaron soldaditos
de Bolivia los soldaditos bolivianos
pala al hombro rifle en mano
pero después de veinte años en fosa
común quien sabe de la pertenencia
de esa mandíbula rota de un balazo
de esos huesos partidos a culatazos
durante el interrogatorio no he visto
a muchachos por La Higuera no he
visto a nadie por dios bendecido no
vio a nadie porque no quiso mirar
con ojos militares porque no quiso
hablar con lengua arrendada y
finalmente botaron su cuerpo a la
fosa sin nombre donde recuerda
el carnicero que enterraron a Ché
después de ultimado ¿Y si no son
si esos restos descabalados no son
de Ché Guevara eh quien lo dice?
hace ya tiempo se ocuparon de no
dejar testigos ni bocas ni miradas
ni una señal escondida que buscar.
Así que allí yace Pancho Ramos
entre inciensos rezados o marchas
militares y Ernesto hecho tierra
lo agradece
Nota original (1996): El poema tiene su origen en la “genial” noticia de que el ejército boliviano buscaba el cadaver de Ché Guevara para darle “cristiana sepultura” y que andaba en discusión el Gobierno cubano, que deseaba darle “revolucionaria sepultura”. El poema juega con la posibilidad de una confusión entre los restos del Ché con los de una de tantas víctimas de la barbarie militar que ha sufrido América. Después me enteré que, hoy en día, con las pruebas de ADN no se dispone siquiera de la libertad de perderse uno una vez muerto.
Nota de hoy (2007): Ayer resultó ser el quincoagésimo aniversario de la ejecución de Ernesto Ché Guevara. Desde la escritura del poema y la nota anterior la comercialización / santificación de la figura de Guevara no ha dejado de crecer. Como canta el genial Kevin Johansen “parece McGuevara o ChéDonalds“. Esto en parte por esa capacidad del sistema de venderte el ladrillo que le arrojas, como suele comentar Enrique Falcón, y, por otra, por esa fascinación (h)ero(t)ica que desde alguna izquierda se siente por la figura del intelectual armado, más atractiva, tal vez, que la del sindicalista apurado o la del dirigente vecinal puteado, e incluso que la del propio obrero armado (no veo yo muchas camisetas con la cara del metalúrgico Buenaventura Durruti, tampoco es que las eche de menos, es por señalar el detalle…). Parece que se abre otra vez la polémica sobre los verdaderos huesos del Ché y su ubicación. Tal vez a pesar de los análisis pueda ser cierto que Guevara, hecho tierra en algún rincón perdido, libre, tal vez por fin, del destino de producto/santo que unos y otros le diseñaron, descansa en compañía de tantos sin nombre ni camiseta que lucharon y murieron, a los que tanto respeto debemos (lo que no siempre puede decirse de su dirigencia).
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