Vigilia de Anelio
Posted on Enero 26, 2008
Anelio Rodríguez Concepción no es un poeta que se prodigue en demasía. probablemente, cuando cumpla los cincuenta no podrá mostrar un tocho de 500 páginas de mayoritariamente anodinas poesías completas, como parece ser el uso, pero cada poema, cada uno de los no muy numerosos poemas de Anelio es.
Despues de un largo período de silencio poético, la colección Atlántica, de Ediciones Idea acaba de publicar Vigilias. Por el camino, Anelio ha desarrollado trabajos de investigación filológica, ha dirigido una influyente revista cultural y se ha dedicado a la pintura, siguiendo así la rica tradición familiar de los acuarelistas canarios.
Bien, vayamos a Vigilias. Vigilias es un poemario sobre la ausencia; la ausencia de sueño que la define y en la que la cabeza se puebla de pensamientos a veces dispersos, a veces recurrentes como un bucle, una matraquilla que no nos deja descansar. Vigilia visitada, frecuentada, por tanto: “señoras y señores / bienvenidos al hondo pasadizo” “acérquense y admiren / el estucado de la memoria inútil”, la sombra con la que el insomne se ve compelido a conversar, la tristeza, los gallos y los trasgos que alimentan la migraña, la lluvia que dibuja cartografías familiares…
Pero vigilia es vela, es velar al ausente que va adquiriendo presencia a lo largo de la obra, hasta hacerse presente de manera clara en el último poema:
“Mi padre solía soñar que volaba / sobre las casas y los bosques / y yo ahora sueño que vuela / y vuala a cada instante / con su batín de cuadros.”
Desde los tiempos de “Poemas de la guagua” o “Poma”, siempre me ha admirado la naturalidad conque los poemas de Anelio se despliegan, y cómo en algunos de ellos restallan palabras que tienen una sonoridad especial: sorimba, gaveta, helecha… palabras que tienen un olor y un sabor a casa familiar, a gestos cotidianos, pero firmes, de esos que sostienen la casa en pie y la puerta abierta, que estremece.
De todos los poemas de Vigilias hay uno en concreto que, como dice un amigo colombiano, me ha volado la cabeza. En un puñado de versos, Anelio laza pasado y futuro en un instante que a su vez es líquido, como la lluvia que lo protagoniza:
LLuvia
.
La lluvia
parda de mis abuelos,
ese gozo del agua
cayendo hasta la boca del patio,
infinita, sesgada, en noviembre
contra el techo y la luz de los faroles,
mana rocío
en la helecha del patio,
gota a gota,
nana,
hoy
no existe,
ya jamás
sino aquí
adentro.
Pueden encontrar Vigilias, de Anelio Rodríguez Concepción, aquí.
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