Vuelta

Posted on Marzo 10, 2006

Ernesto Delgado BaudetTras unos cuantos días de aquí para allá vuelvo a la isla. Me duelen hasta los lóbulos de las orejas. Pero dicen que el sentir dolores es síntoma claro de que se está vivo. Vale. Al regreso me he encontrado con una grata sorpresa: el retorno de Ernesto Delgado Baudet.

Ernesto fue uno de los poetas isleños que explosionaron a principios de los años 80 en torno al colectivo que con la debida pompa se autodenominó “Jóven Poesía Canaria” y al homenaje vindicativo de Pedro García Cabrera que tuvo lugar en 1981. Publicó un magnífico libro de poemas titulado “Sueños de invierno” en la editorial Benchomo, y después inició un recorrido por el lado salvaje, del que casi no vuelve. Como tantos otros poetas de aquella promoción isleña, sus pasos se perdieron en un denso silencio del que le ha costado salir.

Y es una alegría encontrarse con La custodia de cerbero. Bienvenido. Aquí, uno de sus poemas:

EL HOMBRE HABLA DE LA IMAGEN Y DEJA ENTREVER SU CONGOJA

NO transcurre el tiempo;
no transcurre por tus ojos de océano abisal
por tu piel de pan, por tu pelo que es enjambre,
tu pelo fábula tenaz del minucioso instante de
los hombres, por tu espléndido y generoso vientre
de albero soleado.
No transcurre el tiempo por tu nombre
ni por tu imagen; luz de la vida que enciende
mi alma.
No, nada transcurre porque eres un sueño
en este mi naufragio de dudas y esperanza.

Otra cosita, hoy es víspera del segundo aniversario del ataque del 11 M, y del vertiginoso fin de semana que lo siguió. Si alguien tiene interés en saber qué dije en aquellos entonces en que era, hay que recordarlo, ministro del interior el digamos señor Angel Acebes, aquí tienen los enlaces tal como los ordené el año pasado:

Semana del recuerdo Y mis reflexiones en Trapera.

Y para terminar, durante estos días de ajetreo y horas de estación y viaje, me ha acompañado el libro de Douglas Adams, Life, the universe and everything, tercera entrega de la Guía del Autoestopista Galáctico. Así, he podido conocer a los habitantes del planeta Krikkit, que organizaban su vida social en torno a los valores de la paz, la justicia, la moralidad, la cultura, el deporte, la familia y la eliminación de cualesquiera otras formas de vida. O a los “Silastic Armorfiends of Striterax” , con los que el mejor motivo para verse envuelto en una pelea con ellos es simplemente haber nacido, siendo la vía más adecuada de tratar con uno de estos tipos, encerrarlo solo en una habitación, porque tarde o temprano acabará, simplemente, aporreandose a sí mismo.

Adams no escribió una parodia ni una sátira ni nada de eso que se suele decir. La cosa es más seria: El los vio a los krikkits y a los estriteraxianos pululando por la Tierra. Sus libros son un aviso. Ya están aquí…

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